miércoles, 2 de noviembre de 2016

INXS Full moon, dirty hearts


Efectivamente, que tenéis el corazón más sucio que un estercolero. ¿Por qué será la crisis? Porque tenéis el corazón más sucio que un estercolero. No le deis más vueltas.


“Juan, cómo eres, qué cosas más duras dices”. ¿Ah, sí? ¿Yo digo cosas duras? ¿Y tú? ¿Que vas por la vida sólo pensando en tu ombligo? No, no hablo del banquero, esos ya han pillado las hostias que se merecían. Ahora hablo de ti, querido capullo que vas por la vida que parece que no has roto un plato. ¿Pero tú cómo puedes tener tanta jeta?

Tú te has creído que el mundo te debe algo. ¿Verdad que sí? Por eso vas al banco con ese plan de negocio ruinoso y esperas, por alguna razón, que te suelten un kilo de billetazos, como si los merecieras. ¿Pero tú que vas a merecer? Si no sabes hacer la o con un canuto. Y si no te los sueltan no haces autocrítica y piensas que, quizás, tu proyecto no era tan bueno como creías. Montas en cólera y, una vez más, rodeas el Congreso, como si no estuviese suficientemente rodeado.


Chico, es que a ti hay que arrancarte las orejas, de tanto tirarte de ellas. No, al banquero déjalo estar, que ese ya ha pillado. Ese, mira, es mejor que tú en un sentido: que aprende antes. A este le han echado una bronca de sentarle en el suelo y ya no lo va a volver a hacer. No tengas miedo. Pero ¿tú? ¡Tú aunque te metan en el cuarto de los ratones! ¡En el de los cocodrilos! Tú vas a seguir yendo por la vida de víctima, esperando que alguien pique y te haga caso.

Tú no has abierto un libro en tu vida. Tú no has estudiado ni las capitales de Europa. Tú te ponen una regla de tres y te joden el día. ¡Y ahí sigues, diciendo que el mundo tiene algo contra ti! ¡Pero bueno! ¿Habrase visto semejante caradura? ¿No será, so jeta, que lo que eres es un puto jeta? ¿Que a ti eso de trabajar es que te da alergia, urticaria, te salen ronchas en la piel?


No, no, no, los fachas de eso no tienen culpa. Se te acabó eso de poder echar balones fuera. Ahora a los fachas los tenemos sentaditos y temblando, de a ver si van a emitir una factura de menos y se cagan. Y, sin embargo, esto sigue sin funcionar. Sólo quedas tú. Sí, el pobrecito. Sí, ese que pobrecito de él. ¡Si él no ha hecho nada! Efectivamente, ese es el problema, que nunca ha hecho nada.

Si a mi vivir al sol me parece de puta madre. Eso mola muchísimo. Oye, que a ti no te gusta trabajar. De putísima madre. Personalmente, pienso que trabaja demasiada gente. El 60% de las personas, de los profesionales que he conocido no tienen, en absoluto, capacidad de trabajo. Son unos inútiles. Un estorbo. Un peaje que hay que pagar para poder hacer avanzar la máquina. Todo podría ir como la seda pero, oye, que a López le dio por trabajar, en vez de hacerse ermitaño o algo así. Y hay que aguantar a López.


Como López además de inútil es muy orgulloso, López sigue agarrado a su puestecito en la empresa. ¡A López de ahí no lo mueves ni con palanca! López lo único que sabe en esta vida es parasitar, así que de su silla no lo mueves, porque agarrarse a ella como una rémora a una ballena es su especialidad. Mira, yo no tengo problemas en pagar más impuestos si todos estos inútiles salen del mercado laboral, así, pum, de un plumazo. Si tengo que pagar un extra para mantener a estos tíos sin que molesten en mi quehacer diario lo pago feliz. Dinero besado.

Yo no trabajo tanto por dinero como por placer. Y estos inútiles se interponen entre mi placer y yo. Y, querido amigo, ese sí que es un error capital. ¡No sabes con quién te has metido! ¡Te voy a matar! ¡Pero matar! Como vuelvas a retrasarme un minuto más te voy a matar. Así. Matar. No te lo voy a decir más veces. ¡Que te pires ya! ¡Que te pires!

martes, 1 de noviembre de 2016

Teórica y Práctica melódica Jabalina Vol. 4 Cuentos de Navidad


De este disco sólo recuerdo una versión de La Casa Azul de Feliz Navidad de José Feliciano. El resto es vaporware para mi.


La Casa Azul es primera división, el Porta de otros tiempos. Antes de Porta estuvo La Casa Azul. Ambos hablan de lo mismo pero de formas distintas. Pero son exactamente iguales.

Con la discografía de La Casa Azul y Porta ya tienes el tema de la música resuelto en una isla desierta. Cuando no quieras sentir un sonido bubblegum te pones la chulería de Porta y al revés. No tiene puntos ciegos, este combo. Es ganador.


Así puedes usar el espacio que queda en tu mochila para otras cosas de utilidad, como una pistola con mira telescópica para cazar chimpancés en las palmeras y comértelos. ¿A qué sabrá el chimpancé? Casi a hombre, digo yo. Una comida satánica debe estar compuesta de delfín, de chimpancé y, de postre, de sueco.

En la mochila también habrá que llevar una Game Boy con el Tetris, porque ese juego es eterno. Lo que no son eternas son las pilas. El tema de la energía sería un tema jodido, en una isla desierta. ¿No existe ninguna mini central eléctrica que quepa en una mochila? Porque eso lo habría que inventar.


Bueno, sí existen, los cargadores solares esos. Son para móviles, pero bueno, no pasa nada, pues en vez de Game Boy llevamos móvil. Perdemos encanto pero ganamos en funcionalidad, que en una isla desierta prima la funcionalidad. Si quisieras encanto no habrías naufragado y seguirías bailando en el Titanic. ¿No?

Más cosas. No sé, canicas, clips, cosas de esas que te valen para cualquier cosa. Un mechero. Con el mechero estamos en las mismas. ¿Cómo lo recargamos? Podemos llevar un Zippo y un recambio de gasolina de esos, pero eso se terminará al final. Y no puedes tener un fuego constantemente encendido. Acabarías con la vegetación de la isla y pronto no te daría frutos ni sombra. Ni aire limpio, todo estaría lleno de humo.


La gente no cae en la cuenta de lo importantes que son las plantas. Una planta es una cosa que come mierda y caga oro. ¿Tú has caído en la cuenta de la tecnología alienígena que tenemos gratis, sólo por nuestra cara bonita? ¡Una movida que come mierda y caga oro! ¿Pero esto qué es? Tesla es un marica. Las plantas lo dejan a la altura del betún.

Sin plantas te vas a tomar por culo. No, no enredes que eso es una verdad como un templo. Con lo que tú cagas, si no hay plantas que se coman esa mierda y produzcan oxígeno, para que tú respires y puedas seguir cagando, sin plantas se jode el chiringo. Así que ¡hombre! no tales tantas. Mira a ver. Qué no estás tú solo en el barco. Que los demás también tenemos derecho a respirar y tener sombra, que este sol pica mucho. Y tú ahí, como un descerebrado, talando árboles como un gilipollas.


Si esto no es una cuestión de ecologistas, que a mi me caen fatal también. Es una cuestión de dos y dos son cuatro. De que esos putos árboles, que parece que no hacen nada, te están limpiando la atmósfera gratis. ¡Gratis! Sin poner filtros de aire y sin rollos. Vamos, y no en plan esclavo, es que a ellos les gusta comer mierda. ¡La mierda es su alimento! ¿Pero tú te das cuenta de cuán perfecto es el ecosistema que nos regaló Dios para que llegues tú ahora a talarlo? No, hijo, no. Eso no te lo podemos permitir.

Las cosas están estupendas tal y como están. No necesitamos que vengas tú con ninguna máquina maravillosa a solucionarnos la vida. En vez de eso, deja de talar a lo loco, que el loco eres tú, y deja las cosas, que tal y como son funcionan a las mil maravillas. El que funciona un poco mal eres tú, me parece. A ver si, espérate, no te vamos a acabar talando a ti.  

The Shins Wincing with the night away


¡Menudo disco más coñazo! Y la portada, que otrora parecía top, ahora parece un dibujaco hecho por un niño tuercebotas.


La prueba es la prueba del tiempo. Si no tienes pericia para reconocer la calidad de un vistazo, tú necesitas la prueba del tiempo. El tiempo separa el grano de la paja. Con el tiempo verás que lo que parecía oro son cenizas y lo que creíste eran cenizas es, en realidad, puro oro. Si no tienes olfato bueno, tú lo que necesitas es, sin ninguna duda, la prueba del tiempo.

El tiempo es el más cabrón de los hijos de puta. A él no le valen melindres, no le valen postureos. El tiempo si eres malo te siega, aunque llores, aunque patalees. Te corta el cuello y sigue su trabajo, con la satisfacción del deber cumplido.


Si no has hecho los deberes, lo siento, el tiempo es el examen final. En el que van a pillar. En el que si te sabes los ejercicios de forma mecánica, superficial, vas a patinar y te vas a romper la boca. Si te has pasado el curso jugando al mus en la cafetería el tiempo te pilla. Tiene un detector de fraudes y te va a tirar al ostracismo. Lo siento, no es culpa del tiempo, es culpa tuya por vago.

Yo no digo que, a lo mejor, a ti te sale más a cuenta ser segado y currar poco que no ser segado. Claro que sí. A ti, total, te interesa más jugar al mus que destacar en los estudios, así que no veo mal que actúes así. Pero ¡hombre! Luego si te siegan no te quejes. ¿No? Te han visto el envite. Ahora no te quejes, chiquillo.


El tiempo te siega y tira millas. Se olvidaron de ti. No, no luches que no sirve de nada. Se han olvidado de ti. ¿Y ahora qué vas a hacer? ¿Salir en OT El Reencuentro, como una estrella apagada, a mendigar un contrato? ¡Mal plan! Si hubieras hecho los deberes no te verías así. Si hubieses dicho no a ese horror que es Fórmula Abierta, que es pan pa hoy y hambre pa mañana, no te verías así.

Hay que hacer más como Manu Tenorio, como Nuria Fergó. Que, oye, lo mismo no ganaron el concurso, pero no se tumbaron a la bartola. Siguieron cantando y bien que lo hacían. A mi me encantan estos dos. Y la canción de Amar en Tiempos Revueltos, de Fergó, es de mis favoritas.


Lo mejor es trabajar. Ese es el antídoto que te librará de la guadaña. El tiempo es un profesor duro pero justo, y si ve que te has esforzado no te suspenderá. Ahora, si ha visto que te has rascado demasiado el ombligo te va a suspender, aunque hayas sacado la misma nota que el que se esforzó, al que aprobará.

No, si a mi también me gusta tumbarme a la bartola, a ver qué te has creído. Pero, hombre, es que no sólo me gusta tumbarme a la bartola. ¿A ti sí? Bueno, bueno, esa es otra cosa, claro. Si te gusta, oye, quédate ahí tumbado. Pero yo es que me tengo que ir yendo porque, pues entiéndeme, yo tengo otros objetivos en la vida, además. Pero tú quédate, ¿eh? No te muevas. Tú, a lo tuyo.  

Dragon Quest Centinelas del firmamento


Si tienes gusto por coleccionar te recomiendo la Nintendo DS. Bueno, te la hubiera recomendado hace tiempo, porque ahora sus precios ya son demasiado prohibitivos.


La Nintendo DS es esa consola exquisita, que cada uno de sus juegos parece un pastel. Los de la PS2 no, los de la PS2 parecen engranajes de una maquinaria obsoleta. Sin embargo los de la DS parecen perlas que han ido cayendo de una planta-ostra, que en vez de cerezas da perlas.

Si quieres coleccionar supongo que tendrás una sensitividad que esté acorde con este hecho. Por lo tanto es muy probable que te acabes decantando por las piezas exquisitas, como DS, Wii, Turbografx o Saturn. La música que evocan estas piezas es la única que me importa a mi en la vida. La que yo creo es más valiosa.


Si yo no tengo esta música en mi vida no tengo vida en absoluto. A ver, la tengo, respiro y esas putas movidas, pero no tengo ese sabor para mi tan necesario, por el que estoy en este mundo y no en otro. Si me quitas eso me arrancas el corazón, inclementemente, con desaire. No puedes coger la joya de mi corazón y pisotearla de esa manera. ¿No ves que así me matas, metafóricamente hablando?

Esa parte de mi corazón está hecha de estos mimbres. Juegos de DS. Chicas muy tímidas. Red Bull. Esas cosas. Eso que para ti son retales para mi es el tapiz más bello, colocado así porque así es más exquisito. A ti te parece que está poco simétrico, pero a mi me parece que ese pequeño desequilibrio es lo que lo hace más deseable. Ya ves, por tanto, qué tipo de chicas me gustan a mi, ¿no?


Esas, esas. Justo esas que estás pensando. Esas que quieren caminar por el alambre pero siempre se caen, porque son muy patosas. Las que se maquillan pero un poco mal, porque su desequilibrio las hace verse más feas de lo que realmente son. A mis ojos son radiantes, como la Virgen María, pero ellas se ven imperfectas, eternamente imperfectas, y ese desasosiego le llena el depósito de gasolina al príncipe salvador que hay en mi. Cuando tú ves una loca yo veo una niña frustrada porque siempre se cae de la bicicleta. Y corro a salvarla.

Esas, mi querido amigo, son las buenas. Son como las cerezas que las ha picado un pajarito en el árbol, que están más pochas pero, cuando te las comes, son las más dulces de todas. La pericia para reconocerlas, además de las cualidades innatas, te la da la experiencia. Tú, que ya tienes ojo de campesino, sabes, de un vistazo, que esa es la buena y esta otra, que tiene mejor pinta, es peor. Porque te has pasado muchos años recolectando cerezas.


Grita, grita. ¡Grita todo lo que quieras! A mi no me la vas a dar. Yo sé lo que hay detrás de esos gritos y no voy a quedarme sin ello. Esos gritos son tu sistema de seguridad particular para que nadie ose a tocar la joya que llevas en el centro de tu corazón. Pero yo, ladrón experimentado como Lupín, no voy a cejar en mi empeño. Tu esmeralda será mía y de nadie más, sólo mía. ¡Mía! ¡Mía!

¡Qué sistema de seguridad más inocente! Se apaga aquí, mira, detrás de esta portezuela que parecía un cuadro. ¡Ese sistema de seguridad es de 1985! ¡Pero dónde vas con eso! Así te la va a liar cualquier ratero. Ah, que también tienes lasers de esos que forman una maraña, y a la que roce alguno se disparará la alarma. ¡Qué bonita eres! Yo soy ninja. ¿No lo sabías? Puedo atravesar esas marañas de lasers como quién da un paseo por el parque. Ya, ya, calma, mi niña. Calma.

Michael Jackson x2 Blood on the dance floor Invencible

Un dos por uno, señora. Y en cajita de cartón. ¿Se le ocurre a usted mayor lujo? No lo busque, porque no lo hay.


El lujo tiene mucho de felicidad sin esforzarse. Hoy en día el lujo duro, el lujo este asiático, es hacer exactamente lo que sale de tu infantil corazón sin filtro alguno. Vamos, yo ya no me imagino otro modo de vida. El lujo es lo que tiene, que se acostumbra a él uno muy rápido.

Antes el lujo tenía que pasar por el filtro del sistema, indefectiblemente. Había que tener un pie en el sistema y otro en quién eres tú mismo. El sistema era lo suficientemente confortable como para poder tener un pie metido en él. Pero luego el sistema se hizo demasiado inhabitable y, para vivir con lujo, tenías que salirte de él completamente.


Si tienes que esforzarte por hacer lo que haces eres un paria. Si tu vida no se asemeja al tranquilo fluir de un arroyo cristalino tu vida no es lujosa. ¡Menuda putada! ¡Y tú que te habías esforzado la hostia por acumular enseres y servicios! Pues ya ves, si fueras moderno radical como yo hubieras sabido que en el futuro, es decir, hoy, el lujo no sería así. Yo es que tengo poderes predictivos y ya lo sabía, así que pude encaminarme hacia él con mucha premura.

En el lujo futurista en el que vivo el dinero no es la base de la cuestión, es un mero adorno. Lo que antes servía como cimientos de la casa ahora son las cortinas. Aunque me encanten las cortinas, puedo vivir sin ellas perfectamente. Pero si un día me compro unas cortinas será estupendo, claro. Pero a lo que voy es que ahora lo del dinero no es crucial.


La base de tu vida ya no está donde estaba. Antes la base era tu curriculum, y sobre él se construía todo lo demás. Ahora mi curriculum es un diploma que tengo enmarcado para que lo miren las visitas y digan “joder, Juan, pues sí que tienes tú estudios” y yo pueda decir “sí, sí, ya lo sé, pero no es algo a lo que dé mucha importancia”, quedando claro que voy de sobrado, porque por lo que tú darías una pierna yo hablo de ello como de unas zapatillas de deporte bonitas que me hubiera comprado.

Dios ha sido el cerebro de este nuevo orden mundial, naturalmente. Dios vio que todo andaba muy pervertido últimamente. Que lo que había de ser la base del hombre, la familia, no se le estaba dando la importancia que tenía en el anterior mundo en el que vivíamos. Dios sabe lo que les viene bien a sus hijos, que para eso se los inventó él, así que arrasó la civilización que estos, ingenuos, habían montando mandando una Crisis más terrorífica que mil plagas de langostas.


Ha sido como cuando Moisés guió a los judíos fuera de la civilización de aquel entonces, Egipto. Allí imagino que los judíos vivían como viven hoy un poco las buenas personas en el sistema: de forma precaria, porque no tienen los malos sentimientos pecaminosos necesarios para hacerte con una buena suma de dinero y vivir rodeado de glitter. Así que Dios me mandó a mi, que en vez de Moisés me llamo Juan, pero, oye, también tengo un nombre bíblico de categoría, y me ordenó que os sacase de una oreja de Egipto, por vuestro propio bien, para que pudieseis ser felices.

Dios sabe bien a quién elige, que para eso ve la partida desde arriba. Él no tiene la visión nublada por los disfraces que usamos aquí. Él sabe, de un vistazo, que el bueno es este y el malo es aquel. Así que me eligió a mi, de forma casi militar, para que os convenciera de seguirme. Y yo lo he conseguido, porque no podría ser de otra manera. Soy la ficha del tablero cuya función es esa. Hacer que los demás pringados me sigan. ¡Vamos, pringados! ¡En fila india! ¡Todos detrás de mi! Y me seguís.