jueves, 4 de agosto de 2016

Rampage Total Destruction

¿No os acordáis de Rampage? Rampage era aquel título tan llamativo de las recreativas que era una cabinet con tres mandos. Podías controlar a tres monstruos monstruosos, el gorila, el lobo y el lagarto. Con ellos debías destruir los edificios que te aparecían en pantalla y tratar de que los enemigos no te matasen. Era un juego super original, a mi me encantaba sólo por eso.


Así que cuando vi este Rampage Total Destruction para Wii dije... ¡Ándale! ¡Pues órale que sí, manito! Y me lo pillé.


Básicamente es lo mismo pero en 3D y con más monstruos para pillarte. El sistema de control es entre bueno y bastante bueno, yo diría, y funciona perfectamente para destruir edificios sin chinarte porque “el muñeco no hace lo que yo quiero que haga”.

También hay algunos movimientos, como las patadas o el engancharse a los edificios (por eso de que está en 3D) que no salen tan bien como a lo mejor podría esperar, pero bueno. Bien.

Rampage mola por la satisfacción de romperlo todo. De ver como los humanos son hormiguitas impotentes ante ti. ¡Ah, ojalá se pudiese hacer esto en la vida real! Como la versión de Hulk hecha por Jan, La Maza, a mi me gustaría convertirme en un monstruo musculoso cuando hay demasiada contaminación y hacer que los conductores se traguen sus propios coches. Así, tal como te lo estoy diciendo. Tragárselos. “Pero se les desgarraría la mandíbula antes”. Pues mejor me lo pones.

Es muy guay el clásico movimiento de, antes de nada, trepar hasta lo más alto del edificio y, desde allí, ir bajando mientras vas demoliendo la pared a puñetazos. Es super eficaz y satisfactorio. Tomatomatomatomatomatomatomatomatomatomatomaytoma.

Lo que también mola de este juego es que hay más personajes que en la versión clásica, pero el rey siempre será el gorila gigante, el King Kong. Es en el que mejor encaja todo. Yo no soy muy de Godzilla. Chico, es que a mi Godzilla no me gusta nada. Ni Bioman ni Ultraman ni los occidentales Power Rangers. Es que no. No es lo mío.


Me viene ahora a la cabeza un arcade de SNK, uno de los juegos de SNK que sí me molaban. SNK siento que está un pelín sobrevalorada. Aquel era King of the Monsters y básicamente era un juego de wrestling en el que los wrestlers eran monstruos en plan como los que hablamos y el ring la ciudad. Así que si hacías, pongamos por caso, un suplex, pues cuando caía el enemigo se cargaba un par de edificios y eso era la leche de guay. Me molaba mazo, ese juego. Yo me pillaba al golem, el titán de piedra.

Pues nada, que Rampage es un juego muy chulo para desahogarse un rato. Mucho mejor que meterse en un atasco, que no sé. Me parece fatal. Tío, a desahogarte vete a casa, no manches más al mundo con tu mierda. Píllate una amiguita, unos pantalones de cuero con el culo al aire y ahí te desahogas como un señor, no como un niño, en un atasco. Por Dios. Cuánto tienes que aprender.  

miércoles, 3 de agosto de 2016

Bully

Yo nunca fui un bully. Maldita sea. ¡Cómo me hubiera gustado intimidar a todo el mundo en el cole! ¡Cómo me hubiera gustado infligir terror por los pasillos! En vez de eso tuve que ganarme el respeto estudiando y dibujando, como he hecho toda mi vida. No hay derecho.


En este juego de Rockstar me resarcí de lo lindo de aquello. En Bully eres un bully pero lo mejor es que amas a tu bully. Lo entiendes. Este juego te hace sentir, te explica al fin y al cabo, qué es lo que mueve al bully. ¡Yo no lo sabía! ¡Yo qué coño iba a saber! A mi si no me explican las cosas no las entiendo. O si no me fijo mucho en ellas, vaya. Y todos sabemos que fijarte en un bully es sinónimo de llevarte una paliza.

No me extraña que en Bully el bully sea un bully. Su madre es una zorra que se ha buscado un nuevo marido que te trata como si fueras una mierda. Y encima tu madre le apoya. Y para más inri te meten en un colegio interno. Vamos, es que si a mi me pasase eso me convertía en un bully ipso-facto. Natural.


Así que con ese background llegas al cole. Como en casa no te apoyan una mierda no sientes que puedas explicar tus motivaciones tranquilamente, pausadamente, como todos esos niños bien que no saben la suerte que tienen de que sus familias sean cariñosas y comprensivas. Claro, así cualquiera. Así yo también saco buenas notas, no te jode. Queriéndote tus padres... Así cualquiera.

Así que nada, a las primeras de cambio estás soltando hostias. Y si es a alguien más débil que tú pues muchísimo mejor. Así no te las podrá devolver.

Por otro lado, este bully hay que reconocer que tiene cierto sentido de la justicia. No se mete en movidas por meterse, que también, sino que usa su fuerza bruta para protestar por situaciones injustas. Así todavía amas más a tu bully, porque no sólo te reconoces en él como un niño herido, sino porque lo admiras por intentar marcar la diferencia, aunque sea de una manera tan poco ortodoxa. De hecho, lo admiras más precisamente por hacerlo de una manera tan poco ortodoxa.

Una cosa que me han enseñado las convulsiones sociales de los últimos tiempos es que, en situaciones extremas, no vale de nada ser un braguitas que pide por favor a los abusones que, si son tan amables, dejen de pisarte el cuello, si tienen la bondad. En esas situaciones hay que combatir el fuego con fuego y pisarle el cuello a aquel que te lo está pisando, y si lo consigues hacer más fuerte que él mejor que mejor. ¡Coño! ¡Es que contigo no valen las buenas maneras! ¡Pues te vas a enterar, hombre!


Ser un bully tiene otra parte heroica pocas veces mencionada: tener que convivir con la tremenda culpa que te provoca tu forma de actuar. Si abusas de alguien puede que te salgas con la tuya, pero para casa te llevas la penalización de un clavo en medio del corazón. Esto yo tampoco lo sabía y me hace entender más todavía al bully, si no amarle rendidamente.

Sí, me ha gustado ser un bully, tengo que reconocerlo. La sensación de Poder Puro de que tus santos cojones son los que dominan la situación es adictiva como la coca, os la recomiendo a todos, como la coca. Pero os recomiendo que la dejéis cuanto antes, como la coca, si no queréis que os consuma. Entiendo perfectamente a la gente que es adicta al poder y no lo quiere soltar bajo ningún concepto porque, joder, es el mejor chute del mundo. Sientes que eres capaz de todo. Pero precisamente por eso hay que dejarlo más pronto que tarde. Porque sientes que eres capaz de todo.

Queridos amigos, en la vida hay que probar cosas. Si no todas, unas cuantas, para aprender. Yo una que os recomiendo es que os convirtáis en un bully por una temporada. Entenderéis por qué existe Donald Trump y qué le mueve. Entenderéis qué es esa sustancia que corre por sus venas que tan poderoso le vuelve. Es el dolor insoportable de que mamá no te quiera. Pero es precisamente ese dolor el que hará que todo el mundo se acabe arrodillando ante ti, indefenso, esperando a ver cuál va a ser tu siguiente reacción. Me temo que si no habéis probado eso no habéis probado todavía nada.

Y, tíos, tenéis que probar cosas.

Adaptation. El ladrón de orquídeas

Mira que fui yo de Charlie Kaufman. No creo que haya habido nadie tan de Charlie Kaufman como yo. Ni de Brian Michael Bendis. Pero ya ves, la vida pasa y yo mejoro. Y lo que antes me parecía inmenso ahora me parece pequeño y ruin, como el parque del al lado de mi casa.


Adaptation es la película que cualquier guionista quiere hacer. El guión lo es todo, y está tan retorcido que es imposible que pase desapercibido. Para una persona “normal” igual está demasiado retorcido, pero para mi, que me retuerzo más que una boa, fue delicatessen.


Hay que reconocer que la forma de aproximarse al concepto me fascina. Charlie Kaufman, y en eso sigo admirándole, está obsesionado por la pureza. Así que del encargo de adaptar el texto El Ladrón de Orquídeas a cine él quiso quedarse con lo más puro y último: la belleza de las orquídeas. Como sabéis, hay mogollón de orquídeas diferentes, y su forma depende del ambiente en el que se hayan desarrollado. Es decir, el ambiente al que se hayan tenido que adaptar. Lo mismo ocurre con las personas. Lo mismo ocurre con Charlie Kaufman. Charlie Kaufman es el típico tío superinteligente que, por eso, le cuesta mucho encajar en los ambientes. Y la película trata sobre él mismo, recibiendo el encargo de adaptar El Ladrón de Orquídeas a cine.

Un tic que me repugna mucho de la gente inteligente es ese autodesprecio que con tanta soberbia manifiestan. Tío, SI CONOZCO A ALGUIEN QUE ESTÉ ENAMORADO DE SÍ MISMO ESE ERES TÚ. No me vengas con cuentos. No me vengas llorando. No me seas attention whore. Yo también estoy enamorado de mi mismo, la diferencia es que yo lo voy gritando a voces. Esto tiene el riesgo de que te suelten algo que te joda, pero por lo menos es más honesto y más digno que hacerte el cachorrito perdido. Así que ese rollo me parece como muy siglo XX y me repugna.

La peli trata de la epifanía que Charlie sufre cuando se da cuenta de que su retorcimiento nunca le llevará a ningún sitio si no aprende a aceptar las cosas sencillas de la vida. Y como esa epifanía, por lo que se ve, la tuve yo muchísimo antes que el señor Kaufman, pues le desprecio. Así de claro. Lo siento, pensaba que eras mejor. Pensaba que tenía más que aprender de ti. Eres un lento, has tardado mucho en darte cuenta de algo de lo que yo me he dado cuenta antes. No sólo antes, mucho antes. Así que donde antes veía un ídolo ahora veo a un pobre idiota.

El argumento de Adaptation es el argumento de El Chiringuito de Pepe, la nueva serie entre cómica y dramática de Santi Millán. Santi Millán es un reconocido chef de renombre internacional que por avatares de la vida se ve obligado a volver a su pueblo natal, o si no es natal ahí vive familia suya. Y se da cuenta de que ir de estirado por la vida no vale cuando te bajas al barro. Que sus espetos cocinados por el superchef no valen nada comparados con los de Pepe, el del chiringuito, que no sabrá de alta cocina pero sabe conectar con la gente, como sale diciendo en la telepromo.


O sea, Charlie, que tu masterpiece es, básicamente, El Chiringuito de Pepe. Pues me quedo decepcionado, Charlie, lo siento, tío. Tanto salto mortal, tanta cabriola, tanto rollo de tío torturado... Para que te salga El Chiringuito de Pepe. Lo siento, pero eso de que “las personas sencillas tienen mucha sabiduría, aunque no lo creas” es algo a lo que he llegado antes que tú. Y, claro, pues... No sé. A ver, quizás en el futuro supere la decepción y te vuelva a amar. Claro que sí. Pero de momento te tengo como ese tío que parecía tan guay que al final sólo es un gilipollas. A mi cuando me pasa eso se me parte el corazón.

Así que, bueno. Me quedaré con la satisfacción de que he llegado antes a cosas que un guionista increíble, probablemente el mejor del mundo. Así que tan malo no debo ser. No, no me voy a poner autodespectivo, no tengas miedo. Esa es una etapa que también ya pasé hace tiempo.

Masters del Universo

Esta peli es una chunguez, manteneos alejados de ella como de la tiña. Se salvan dos cosas: una, que es de Masters del Universo y ya por eso se salva, sin discusiones. Dos, el actor que hace de Skeletor que se nota mazo que está “classically trained” y es buenísimo. Se llama Frank Langella, si eres cinéfilo en vez de chunguéfilo como yo igual te suena. De su larguísima filmografía a mi sólo me interesa que puso la voz a un muñeco de Pequeños Guerreros.


No tengo ni puta idea de qué va el argumento ni ganas, desconecto en el minuto 3. De esta peli lo único interesante era, primero, ver cómo ponían a los muñecos de acción en actores reales. Segundo, ver qué nuevos muñecos de acción salían a raíz de la película. Bueno, pues todo una puta mierda.

He-Man es el actor rubito mega cachas (que hay que joderse lo apolíneo que es, el jodido) que creo que salía con Van Damme en Soldado Universal. Es bastante cara estaca, pero claro, como tiene esos musculines tan, tan tersos... Pues no le puedes decir que no, al chaval. Total, que He-Man no tiene presencia, no tiene alma, no tiene carisma. Musculines mazo, pero carisma no. Con lo cual ya la cosa como que empieza super mal.


Luego Teela y Man-At-Arms son como también muy coñazos. Tampoco tienen carisma ni son nada guays. Encima en la peli se permitieron licencias con el vestuario y la mezcla entre Edad Media y tecnificado futuro de las figuras de acción se convierte en un rollo “universo Conan con alguna que otra pistolita” que no mola, tío, lo siento.

A Orko que le den dos duros, no sale. Vamos, del universo Masters del Universo normal yo creo que salen He-Man, Skeletor, Evil-Lyn, Teela, Man-At-Arms y no me suena nadie más. También te digo que no le he hecho mucho caso a la peli, pero reconozco a mis personajes favoritos con bastante facilidad.

Luego para la peli, si mal no recuerdo, se inventaron los siguientes personajes: uno malo con un sable y un parche en el ojo, que ya ves tú qué gracia tiene eso; ninguna. Una especie de duende bueno que hace las veces de Orko; un malo también que es como un lagarto recubierto de metal que echa chispas por la boca, al menos la figura de acción hacía eso y... Y es que me temo que nada más. ¡Vaya fiasco de película, amigos! ¡No aportó nada, y me estoy poniendo benevolente si no digo que restó!


Masters del Universo fue el mejor universo de todos los creados para nosotros cuando éramos niños. Todos los personajes eran increíbles, cada uno tenía una habilidad especial que hacía de cada muñeco un muñeco único, no como los G.I. Joe que eran todos iguales. “No, pero es que tienen más articulaciones”. ¡Uuuuuuuh! ¡Pues eso es lo único que hacen gilipollas! ¡Menos mal que al menos se tuercen un poco más, porque es que no hacen nada! ¡Nada!

Para no ser tan Mastermaníaco me incliné por hacerme fan de unos muñecos que duraron dos recreos, los Madelman 2050, de los que me temo que no habrás oído hablar absolutamente nada. Su gracia consistía en lo siguiente: los malos eran como los de V, lagartos que se hacían pasar por humanos. Así que en principio tenían cara humana, pero si les acercabas a uno de los buenos... ¡Tachannnn! ¡La cara se giraba y revelaban lo puto lagartos que eran! La movida era que dentro de los muñecos buenos había un imán que al acercarlo a los malos hacía que la cabeza dentro del casco girase. Además tenían imanes en los pies, tanto los buenos como los malos, así que podías jugar a gravedad cero si tenías muebles de metal en tu habitación.

Yo me hice fan porque tenían muchas articulaciones como los G.I. Joe y, bueno, fue mi forma de escupir con brillante fantasía al universo hecho por y para gilipollas de G.I. Joe. Los niños que jugaban con G.I. Joe eran los que les gustaban los tanques, los aviones de combate y la violencia, en general. Eran los niños cuya existencia no tenía sentido.

¿Me quedo con Masters del Universo o con Pokemon? Con Masters del Universo, tío. Soy old skool. Pikachu, me flipas, pero me flipan más Beast-Man, Mer-Man, Zodac, Buzz-Off, Extendar, Webstor, Ram-Man, Fisto, Hordak, Modulok, Man-E-Faces...

Batman Arkham Asylum

Qué fácil te resulta hablar de un juego cuando está de putísima madre. Chico, es que no tienes que hacer ningún esfuerzo. Bueno, un poco, que siempre es más fácil rascarse la barriga.


Batman Arkham Asylum es el primero de los ¿4? ¿5? ¿cuántos llevan ya? juegos de Batman de la saga de Arkham. Yo sólo he jugado a este y al siguiente, Arkham City, porque me temía, y creo que no me equivocaré, que los siguientes iban a seguir la clásica senda del “mejorar la calidad técnica mientras el alma se va marchitando”. A los niños rata esto les da lo mismo porque, como buenos cerdos, se comen todo lo que les echan, para engordar y, pronto, morir acuchillados. No es mi caso.

Entre este y el segundo prefiero este, porque aunque técnicamente es peor, es más puro. La primera obra siempre es la mejor, digan lo que digan. Luego, vale, sí, mejoras la técnica y esas cosas sin importancia, pero lo que cuenta en una obra es el alma, y cuando haces la primera la pones toda. Luego ya tienes éxito, te acomodas, prefieres rascarte la barriga a escribir, te endiosas, coges becarios, fumas en pipa, miras por la ventana ensimismado y, finalmente, preso de tu propia vanidad, te pegas el batacazo. Lo he visto tantas veces que, joder, hay que ser tonto para no aprender de tus propios errores, pero hay que ser rematadamente tonto como para no aprender de los de los demás.


Además, mientras que en Arkham City (el segundo) tienes toda una ciudad abierta para explorar, aquí lo que tienes es el manicomio de Arkham, o sea, que mola mucho más. Un manicomio mola mucho más que una ciudad, te pongas como te pongas. Por el mero hecho de que una ciudad está bajo cielo abierto hace que mole menos. Acojona menos.

Me temo que lo que pasó en Rocksteady Studios fue “¡Tíos, lo hemos petado, lo hemos pe-ta-do! ¡Hay que seguir, tíos, hay que seguir! ¡De esta nos forramos fiiiiijooooooooo...! ¿Dónde coño podemos meter a Batman ahora? ¡Venga, ideas! ¡Ideas! ¡Ideas!” Y se les ocurrió que, bueno, podía pasar en la ciudad. Guay.

En Valve son mucho más listos. Tienen un éxito y lo encajan como hombres, porque los éxitos también hay que saber encajarlos, más que las derrotas, yo diría. Cuando uno se emociona tanto con un éxito es porque no ha tenido muchos. Por eso yo hago caso a Kipling y ante el éxito y el fracaso trato del mismo modo a ambos farsantes.


Pero vamos, aparte del asco que me da la gente que mete un golito y trata de repetir la jugada n veces, sin entender que en el fútbol cada jugada es única y ha de ser tratada individualmente, Batman Arkham Asylum está dabuti. Me lo he acabado, o sea, que para eso tiene que estar muy dabuti. Ya sabéis que yo acabarme juegos, pocos. Los que mantienen vivo el interés de Juan, ese tan inquieto.

Niños, tranquilos; la vida es muy larga y no va de ganar o perder. Eso es lo que os enseñan las personas débiles, absurdas, cuyas vidas no tienen sentido y por eso tratan de dárselo desesperadamente mediante la constante victoria. Es ese error de la percepción el que ha llevado al mundo al límite. No, el sentido de la vida no es avanzar implacablemente. ¿Hacia dónde? Dime, ¿dónde está ese lugar al que tan desesperadamente quieres ir? ¿Qué hay allí? ¿No es aquello que tienes delante de tus propias narices y que, por tu estupidez, no eres capaz de ver? ¿No es más inteligente y más sano esforzarte en ver ese milagro que ocurre segundo tras segundo ante tus propios ojos? ¡Ah, mi estúpido amigo, mi triste niñato! ¡Cuánto desprecio me provocas! ¡Qué pequeño eres ante mi!

Esto es lo que le diría a Rocksteady, que si se hubieran parado en el primer Batman hubieran quedado como unos putos señores; si se hubieran parado en el segundo hubieran quedado bien. Pero no, siguieron y siguieron hasta que la versión de PC del último era, sencillamente, una estafa, de tantos errores que traía.


No hagáis eso, niños. No os dejéis engañar. Sed unos putos señores. Servíos a vosotros mismos, no a aquel que está ciego y, encima, os quiere cegar a vosotros.