miércoles, 31 de agosto de 2016

Gourmet café soluble descafeinado


Gourmet es la marca de Dealz. Mola porque tanto Lidl como Dealz, las marcas de precios tirados por los suelos, evocan en los nombres de sus marcas propias altísima calidad. O sea, el mundo al revés, que es lo que es el mundo hoy. ¿Esto es una mierda? Pues le llamamos Gourmet. Como a tu jefe, que le llamas irónicamente “jefe”, aunque tú no te des cuenta todavía de que eso es una ironía.


Tendrías que llamarle “pololos”, que es lo que es, pero ahí se enfadaría el nota y cualquiera sabe lo que podría hacer, al ser un pololos. Yo por eso a este café le trato con mucho respeto, por si le da un flaira y se le cruza.

A mi, francamente, me da igual beber Nescafé que Gourmet, porque yo no soy un gourmet. Lo soy de bebidas energéticas y productos pop, pero no de café. Bueno, seguramente si me pones un café buenísimo me dé cuenta y te diga “¡Oye! ¡Qué bueno está este café!” pero si me pones un café Gourmet me lo beberé sin mediar palabra porque mis prioridades son otras, no el café que bebo.


Este café funciona, sabe a café, no a mierda, que es lo que uno podría esperar por 1,50€. Me emociona bastante más comprar un bote de café soluble por 1,50 que beber un café sobresaliente.

Quizás algún día me emocione más lo contrario, pero hoy por hoy no es así.


Me llama la atención lo caro que es el café soluble. Debe exigir un proceso carísimo hacerlo, porque si no no tiene sentido. Me imagino que lo que harán será hacer un café normal, evaporarlo, y el poso que quede es lo que llamamos café soluble. Luego a eso le echas el agua que le has quitado y se vuelve a convertir en café normal. Me imagino que harán lo mismo para separar el agua de la sal con el agua de mar.

Este proceso no me parece carísimo, pero como yo no tengo ni idea de esos procesos tengo que callarme y pagar como la puta que soy, porque si no haber estudiado.


Si hubiésemos estudiado todos un poco más no nos la estarían dando con queso día sí y día también. Sabríamos qué cosas del sistema son una estafa burlona y no tendríamos que exponernos a ellas de un modo tan peligroso. Pero como hemos preferido pasar de saber cómo funcionan las cosas a cambio de tener Netflix pues nos la están dando con queso en mayor o menor medida, porque ya te digo que yo no lo sé.

¿Este contrato es un timo? ¡Pues a lo mejor! Pero yo lo voy a firmar porque me cuesta menos esfuerzo firmarlo y exponerme a las consecuencias que estudiar si realmente esto es una estafa flagrante o no.


A mi me gustaría una vida limpia, sabiendo que puedo ir por la vida confiado, que es mi forma de ser natural. Pero como estoy rodeado de ladrones no me queda más remedio que exponerme a ellos, porque no me queda otra opción. ¿Qué otra opción tengo? ¿Enfrentarme a todo y a todos tirando mi energía en una batalla que tengo perdida de antemano, ya que me superan en efectivos? Es más inteligente seguir avanzando a pesar de que cada rato se me clave una espina en el tobillo, ya que es más práctico pararme a arrancármela y a curarme la herida que no moverme del sitio.

Naturalmente que preferiría que todos recobraseis vuestro buen juicio y volvieseis a ser las personas respetables que recuerdo que sois aunque cada día lo recuerde menos, pero eso ya lo he intentado y he fracasado. Así que ¡no sé! Es preferible seguir avanzando a mi rollo, comprando café Gourmet, y dejaros esa responsabilidad a vosotros, que no os vendría tener un poco de responsabilidad sobre vuestro comportamiento, aunque fuera un poco.


No sé si me he vuelto un cínico, pero esta es la opción más inteligente que existe dadas las circunstancias hoy en día. El mal comportamiento lleva, si recordáis, al fracaso, así que dejaré que sea el fracaso y no yo el que os lleve por el camino recto. Además, cuando volváis a vuestros cabales recordaréis que cuando estabais desquiciados yo os traté de ayudar y me deberéis un favor. Y seguramente yo cualquier día de estos necesite que me hagan un favor. Así que todo encaja maravillosamente.

No, no, nada de invitaros a un café, ni siquiera a un café Gourmet. Hombre, una cosa es que sea buena persona y otra que sea tonto del culo. Ahora que te invite tu puta madre, que no veas cómo te has puesto cuando te sugerí que la estabas cagando funcionando de esa manera. Ahora búscate la vida, pringado.


¿Tú qué te crees?  

Cobra Negro Marfil


Yo no sé qué puto marfil ha visto esta gente, pero para mi el marfil es como blanco, ¿no? Como crema.


Este tubito pertenece a mi época de cuando decidí hacerme artista y, por lo tanto, me compré el kit de artista. Me fui a El Corte Inglés como un niño los quince primeros días de septiembre a preparar su vuelta al cole. Como había leído en viejos manuscritos que los artistas usan pinceles con pinturitas de colores me compré una caja de esas pinturitas. Los famosos óleos.

¡Cristo bendito! ¿Pero quién inventó este infierno? ¡Esto son todo problemas! Entiendo que en la Edad Media utilizaran estas cosas porque se alumbraban con velas y quemaban mujeres un poco histéricas, pero esto... ¡Esto no tiene sentido hoy en día!


Esto es incontrolable. No puedes hacer nada a derechas con esto. La acuarela, bueno, también es incontrolable, pero al menos tiene ese toque angelical, que parece que ha estado pintando una mariposa. Sí, vale que con esto las cosas quedan “como serias”, pero prefiero que algo me quede menos serio a cambio de que se seque antes de dos días. ¡Joder! ¿Pero quién tiene tiempo de usar esta caca?

Al final usé el óleo para hacer pinturas de temática densa, religiosa. Ya que esta mierda es más densa que un lodazal, saquémosle partido en asuntos tan densos como un lodazal. Y, bueno, hay que reconocer que para esas cosas está muy bien. Pero aún así el concepto de arte que yo tengo en la cabeza puede prescindir de los óleos perfectamente.


Al final opté por los recurridos rotuladores. Un Edding no te falla, un Edding es un tiro. ¿Quieres hacer una línea recta? Pum, aquí la tienes. ¿Quieres hacer gráciles formas que evoquen gráciles pensamientos? ¡Ni medio problema! ¡A tu disposición!

¿Quién puede ser tan pretencioso de retratar el 2016 con óleos? El 2016 es Red Bull, locura, asfixia, retorcimiento, barbarie, luces led, descomposición de las formas. ¿Qué rayos haces tú pintando con óleos? Ah, hacer un monumento a tu ombligo. Ya, ya me imaginaba que por ahí iban los tiros. No, mira, es que niñas vanidosas no nos interesan. Eso es ahí, en la otra ventanilla, donde pone, bien claro, “Jardín de Infancia”.


“No, es que yo uso pintura acrílica”. Bueno. Vale, eso todavía lo compro. Es un coñazo aún con todo, pero conceptualmente no andas tan alejado. La pintura acrílica, para empezar, se llama “acrílica”, y eso evoca a laboratorio, a artificial, a tubos de ensayo. Eso es más 2016, desde luego. ¿Dónde ves tú en el 2016 bellos colores difuminándose en el aire? ¿Qué aire? ¡No hay aire! Está todo en nuestros pulmones, guardándolo a bien recaudo porque hay poquísimo. ¡Cualquiera va a regalar un poco de aire en estos tiempos! En todo caso mataré a mi vecino para quedarme con el que tiene él, porque está la cosa bien jodida.

Así que, chico, como con todo, el arte me parece un lugarcito donde cuatro memos se han atrincherado y no quieren que nadie les quite ni un trocito de su pastel. No pasa nada, así está todo hoy en día. No existe una porción de la actividad humana donde los cuatro garrulos de turno no se hayan atrincherado para que nadie exponga a la luz que son cuatro garrulos atrincherados. No tengo ningún problema con eso, yo si fuera un garrulo haría lo mismo.


Pero ¡hombre! ¡No me obligues a pintar con óleos! ¡Ahí ya te estás pasando! ¡Que seas tonto no te da derecho a que me obligues a serlo a mi también! Si tú no sabes qué carajo significa ser artista no implica que tengas que joder a los que sí lo somos. Que no, tranquilo, que no te voy a quitar ni un trocito de ese pastel cada día más mohoso. Yo espero a que la cocina se ponga otra vez en marcha y ahí ya pueda ponerme las botas de pasteles frescos, recién hechos. Tú sigue comiendo de... ¡Caray! ¿Eso es una cucaracha? Oye, en serio, que me parece que he visto una cucaracha correteando por tu pastel.

¡Hostia puta qué asco! ¡No sabes el asco que me dan a mi las cucarachas!

Sony Alkaline


En Dealz puedes encontrar 10+2 pilas Kodak por 1,50. ¡Menudo chollo! Quizás para mandos a distancia y cosas así, porque para cámaras de fotos así grandecitas te duran dos días. Pero dos. Y tampoco es que me pase yo los días echando fotos.


Así que opté por comprarme este pack de 4 por 1,50, también en Dealz. No serán como unas Duracell de 3,95 pero digo yo que durarán más que las Kodak. No sé, al final no las he estrenado, porque la cámara lleva cuatro y le he tenido que poner dos ya al mando de la Xbox 360. Naturalmente, mando gana a cámara de fotos. Esto es evidente.

A mi me gusta irme de vez en cuando a Ikea en coche a comprar pilas. Te venden packs de 10 o de 10+2, no me acuerdo, por poco precio. No tan poco precio como 1,50 pero poco precio, y duran más que las Kodak, eso te lo aseguro. Lo hago por dar una vuelta, porque ya habrás deducido que lo que me gasto en gasolina compensa el ahorro en pilas, pero bueno, el placer de conducir compensa el gasto de gasolina.


¡Yo no dejo un cabo suelto! ¡Mi vida es perfecta, diseño perfecto! ¡No hay cabos sueltos! ¡Me he preocupado bien de ello!

Ir a Ikea en coche me encanta. Yo no me saqué el carné hasta los 26 o algo así porque eso de conducir, lo mismo que eso de nadar, me aterra. Pero, bueno, ahora que ya sé parece que lo hago bastante bien. Como soy un tío responsable voy despacín y disfruto más siendo eficiente en el consumo de combustible y trazando curvas elegantes que pisándole al coche. Yo soy esa persona a la que hay que imitar, soy el que tu madre te dice que tienes que juntarte con él. Lástima que yo no quiera juntarme contigo.


A mi las señales de tráfico me parece que están perfectamente puestas, podría ir sin mirarlas todo el camino y siempre cumpliría las normas. Efectivamente, este tramo es de ir a 90, mientras que en este otro hay que ir a 70. Las señales de tráfico están perfectamente diseñadas para una conducción perfecta y sin incidentes, el que tienes un problema eres tú, que estás mal educado y sobras en la sociedad.

Me gusta mucho ir a San Sebastián de los Reyes, ese pueblo de Madrid donde está ubicada Mercury Steam, la desarrolladora de software responsable de Castlevania: Lords of Shadow. A ti esto igual te parece una memez, pero si supieras el dinero que mueve el software de entretenimiento hoy en día igual no te parecía tanta memez ni nada.


Allí está ese abominable complejo comercial en el que están sitas Ikea, Media Markt, Worten y otro sinfín de comercios espantosos. Allí las familias de clase media y media-baja van a pasar su fin de semana, ya que su formación les impide encontrar formas de diversión por ellos mismos. Yo voy por la razón contraria.

Y ahí voy yo, confundiéndome en el estiércol, disfrazado de bosta cuando yo no soy bosta. Las bostas se disfrazan de mi y todos nos lo pasamos muy bien disfrutando, impostadamente, de lo que a cada uno nos niega la vida.


Compro mis pilitas y me vuelvo a casa, no sin antes pasarme por Media Markt y Worten a ver si hay alguna hidden gem de Xbox 360 o de Wii que vendan a rebajadísimo precio. Como las personas responsables de estos lugares no tienen ni idea la la calidad real de las cosas y sí de cifras de ventas puede que te vendan oro a precio de arena, ya que no todo el mundo sabe reconocer el oro y, por tanto, a veces está a muy bajo precio. La alta formación suele suponer ahorrar dinero.

Y ¡nada! ¡Así paso yo la vida! Ya ves que mis diversiones son grandiosas y cuestan dos pesetas mal contadas. No entiendo cómo tú puedes disfrutar pagando 10 euros por un cuba libre. Eso ya te tenía que arruinar la noche, tendrías que irte a llorar a un rincón después de pagar eso. Sin embargo no lo haces y el lunes vuelves a tu trabajo de mierda a seguir dejándote humillar para continuar llevando un estilo de vida que odias.


Que no, que no, que yo no me junto contigo. Dile a tu madre que le agradezco que me reconozca, pero que yo no me junto con su hijo. Mi etapa de Santa Teresa de Jesús que ayuda a los pobres de espíritu por el mero placer de hacerlo se ha acabado.  

Bimbo Grande


A estas alturas para mi Bimbo Grande significa más una tía bien hinchada de silicona de 1,85 que una bolsa grande de pan de molde. Para mi las tías buenas ya tienen más sentido que el pan.


Supongo que es cosa de la edad. Con los años te vuelves “más hombre” y, como tal, tienes apetitos más colosales. Una chica inteligente está muy bien, pero, para mi, a estas alturas, necesito que tenga algo más. O algo menos.

Las chicas inteligentes son estupendas si son lo suficientemente inteligentes como para darse cuenta de que la inteligencia no lo es todo en esta vida. Acabo de estar hablando con Baltasar, el mendigo de mi calle, sobre este mismo asunto. No, no lo hemos tratado con tanta finura como lo estoy yo tratando aquí, Baltasar no es Eduard Punset ni falta que le hace. Hemos estado hablando de lo buenas que están todas. Del quid de la cuestión.


Hemos estado hablando del hecho clave: de que esta está buenísima pero que, en cuanto se va esa, aparece otra aún más buena. Baltasar se refería a este fenómeno como “un partido de tenis”, porque no dejas de mirar para un lado y para otro. Efectivamente, es como un partido de tenis. Muy bien.

Yo le he confesado que estoy como él. Puede que él sea un mendigo y yo no pero tenemos el mismo problema. No sabemos cómo entrarle a las tías. O quizás sean las tías las que no se dejen entrar, no sé. Ese es el gran misterio. Por eso Doc Brown, al completar con éxito su experimento del viaje en el tiempo, decidió dedicarse al otro gran misterio del universo: las mujeres.


O sea, que un sabio que sabe cómo viajar en el tiempo no sabe cómo entrarle a una tía. Vamos, es que el 80% del presupuesto de I+D tenía que estar dedicado a esta partida. Es evidente que tenemos mucho que aprender sobre esto y sabemos demasiado poco, poquísimo.

¡Yo ya no sé qué hacer! Cuando vas de malo porque vas de malo. Cuando vas de bueno porque vas de bueno. ¡Siempre te dicen que no! Caray, ¿qué hago mal? “No vayas de nada”, me diría ahora la típica lista. Si, ya, eso está muy bien cuando ya se ha entablado la conversación. Ahí no tengo problemas, no te preocupes, las distancias cortas son mi terreno. Pero ¿cómo llego a la distancia corta?


Al ser inteligente siempre opto por el camino más corto entre dos puntos. No me enredo con disquisiciones sobre el sexo de los ángeles. Por tanto tomar el camino recto a veces exige ser un poco brusco. ¡No me cuentes cuentos! ¡Tú, chocho, eres de mi propiedad! ¿Comprendes? ¡Eres de mi propiedad!

Las inteligentes que no lo son tanto verán esto como señal de garrulismo, pero las suficientemente listas como para hacerse las tontas sabrán de lo que estoy hablando. Si una tía va de lista da por seguro que es tonta. Vamos, un hombre igual, pero ahora estamos hablando de tías. Por tanto mi prerrogativa es que es preferible llevarse una o dos bofetadas a cambio de separar, de un plumazo, el grano de la paja.


La tonta se esconderá detrás de su ridículo cerebrito porque su problema real no es que yo sea demasiado tonto, sino que soy demasiado macho. Su útero microscópico no puede albergar el pollón que le estoy enseñando. Por tanto, en vez de decirme “no soy lo suficientemente mujer para ti”, que es la realidad, me dirá que yo no soy lo suficientemente inteligente para ella. ¡Yo no soy lo suficientemente inteligente! ¡Jajajajajaja! Joder, tía, es que eres tonta. Ahora sí que lo has dejado clarísimo.

Sin embargo, la lista con un útero como un vergel y grande como un campo de fútbol, entenderá lo que yo quiero decir. Se hará la tonta para que yo quede de listo, que es el juego que le he propuesto, y la tonta no ha entendido ni el huevo. Hará popotitos, que es lo que yo estoy buscando, y se atusará el pelo de forma nerviosa y voluntaria, como diciéndome “Sigue así, chico, que has tocado la tecla”. Muy bien, mamá, allá voy.


Si los dos somos capaces de contenernos el uno al otro llegaremos a un exitoso final. Su útero de Godzilla albergará mi pollón de Mazinger Z y ambos ganaremos en gran cuantía. Mientras tanto la tonta se quedará teniendo que aguantar a los tontos que van de caballeros cuando lo que son es una panda de garrulos fingiendo que tienen algo de caballeros cuando no lo tienen. Y el caballero se llevará a la dama porque somos lo suficientemente listos como para jugar a lo que no somos.

Esto es lo que me gustaría explicarle a Baltasar. Pero claro, como el idiota de él se pone nervioso y no para de hablar pues no escucha. Y por lo tanto no aprende nada.  

martes, 30 de agosto de 2016

Wacom Bamboo


Las putas tabletas gráficas para mi son un sufrimiento; se supone que para mi esto debería ser el no va más, un cacharro con el que dibujas en el ordenador, porque yo sé dibujar, y se supone que esto para mi tendría que ser la octava maravilla del mundo. Sin embargo siempre las acabo guardando en el cajón, que es de donde la acabo de sacar.


Lo que me pasa con estos aparatos es que me resultan demasiado... Complicados. Sé que es muy fácil, mueves el lápiz en la tableta y lo mismo ocurre en la pantalla del ordenador. Sí, gracias, lo pillo, Einstein, pero es que eso, aún así, es demasiado complicado para mi.

Para mi una tableta tendría que ser la propia pantalla del ordenador. Que muevas el lápiz sobre ella y lo que tenga que aparecer aparezca sobre la propia tableta. Esto es para trogloditas.


En el iPad tengo una app que yo creo que es la única app que tiene sentido en el mundo, una que aporta verdadero valor añadido. Lo demás son cagarrutas de gente pre-fracasada, como ya vaticinó Steve Jobs, ese genio que a mi ahora no me gusta reverenciar porque hasta el más tonto estudiante de administración de empresas va por ahí diciendo que Steve Jobs es un genio. Eso lo tenías que decir cuando le echaron de Apple, algo de lo que tú ni te enteraste, torcuato, no ahora que ya lo sabe todo el mundo.

Imbécil.


La app en cuestión se llama Paper, así, con ese espíritu minimalista. Consiste en que tú mueves el dedo encima del iPad y en el iPad se pinta como si tú tuvieras una plumilla en el dedo. ¡Esto sí que me mola pirindola! ¡Esto sí que cuadra en mi forma de ver la vida!

La plumilla te viene gratis y luego tú puedes comprar, que de ahí es por donde la aplicación gana el dinero que tiene que ganar, otras herramientas: el lápiz, el bolígrafo, el pincel de acuarela y el rotulador. Yo las tengo todas porque ya te digo que esta aplicación me gusta. Es la única app para la que he pagado dinero, yo creo. Y para esa del cocodrilo de Disney, que se llama ¿Dónde está mi agua? o algo así. Ese juego mola mucho.


Te vienen unos colores gratuitos que para mi son suficientes, no me gustan las cosas demasiado complicadas. Si no lo puedes hacer en cuatro trazos no encaja en mi estilo.

Total, que las putas Wacom, aparato que distingue al diseñador gráfico de pro del que no lo es, yo me la paso por mis sudadísimos cojones. Me he fijado que el que exige herramientas en el trabajo “acorde con su nivel” es el que menos nivel tiene de todos. Pasa lo mismo en otros ámbitos de la vida, el que lleva el polo más caro es el más tonto de todos. El que lleva el coche más caro es el más tonto de todos. En el mercado de los accesorios de informática ocurre la misma ciencia.


El que tiene la tabla de skate más cara de todas es el que no sabe grindar. Eso los chicos de mi pueblo lo saben mejor que nadie en el mundo. El que mejor patina es el que tiene la tabla más hecha polvo de todas.

Yo, como Ferrari, aspiro a producir aquellos objetos que los más estúpidos de la humanidad quieren tener. Ya que no tienen la lucidez necesaria para brillar por si mismos, quiero darles yo ese brillo a cambio del dinero que hayan robado con métodos más o menos expeditivos. Es mi manera de devolver el equilibrio al mundo, robar a los ricos para dárselo a los pobres. Yo, como ellos, soy un ladrón de guante blanco, en lo que nos diferenciamos es en nuestros objetivos.


Así espero poder dar a mi familia una vida confortable. Tampoco soy yo de rodearme de muchos lujos, yo soy como ese señorín de pueblo que pide un café solo y se lleva para casa la mitad del sobre de azúcar que no le ha echado al café, pero que luego en el banco tiene más dinero que los que se pulen cubatas como quien toma agua mineral Font-Vella.

Pero a mi familia todos los lujos que quieran. Yo no quiero lujos porque para mi el lujo es poder prescindir de él, pero si mi familia quiere ir de vacaciones, pongamos por caso, a París, me gustaría poder darles el capricho.


Por eso voy a devolver esta tableta al cajón. Porque no creo yo que pueda hacer nada de extraordinaria calidad con este aparato. Con un humilde iPad voy que chuto.