miércoles, 19 de octubre de 2016

Cómo jugar y ganar a las cartas


Os estoy revelando mis secretos más profundos. Cualquier día de estos no tendré nada que enseñaros.


Este libro lo tengo, puf, no sé, desde los 15 años, pon. Por aquel entonces empezaba a ser importante desenvolverse bien en juegos de bar. Así que me pareció buena idea aprender de los que saben.

Me parece que lo compré en un puesto callejero que vendía también libros de chistes ilustrados, y los dibujos eran porno. A mi lo que más me gustan son las tetas, los culos, los chochos, las tías hinchadas. Cuanto más operada esté mejor. Mis medidas perfectas son 400-40-400.


Unas tetas gigantes tiene que ser lo mejor que te puede pasar en la vida. No me extraña que los señores mayores se apuren a rodearse de chicas guapas. Las chicas guapas es lo mejor que te puede pasar en la vida. Su mera presencia endulza la vida y convierte el agua en limonada.

Las tetas gigantes son las mejores por el mismo principio que el mejor coche es el que más corre. No estoy hablando de funcionalidad, estoy hablando de molar. El mejor coche es el que más corre. La mejor teta es la más grande. No tiene mucho misterio.


Las chicas no sé si acaban de entender que tienen en su poder el árbol de la vida. Sin siquiera proponérselo, por el mero hecho de existir, mejoran la vida. No conozco talento más apabullante. No tienen que esforzarse en nada. No son como Cristiano Ronaldo. Bueno, quizás tengan que operarse los melones para tenerme a mi contento, pero si no se operan tampoco las voy a decir nada.

A mi si una me viene operada ya de casa no le voy a hacer ascos a que sus tetas sean lo que más me guste del mundo con mucha diferencia. Pero si me llega sin operarse no voy a obligarle yo a que lo haga sólo para darme el caprichín.


Lo malo de una tía con melones operados es salir a la calle. Si tienes un cochazo tienes que tenerlo en el garaje. Si no la gente es muy hija de puta y te lo querrá robar o rayar. Me odiarían porque voy con una tía con melones. Así que si a mi me viniera una tía con melones la tendría todo el día en casa, limpiando.

No la dejaría salir de casa, sólo por la noche y con ropas muy amplias. No la dejaría que se pusiese ropa sexy más que en casa. Una dama en la calle y una puta en casa. Pero puta-puta. Superputa. La más puta de todas.


Asimismo, en la calle querría que fuese la más dama de todas. No la dejaría que hiciese gala de sus atributos, no querría que se exhibiese. Haría que no diese importancia a que tiene unas tetas de la talla 400 y que se comportase con los demás de forma compasiva y humilde.

Y cuando llegase a casa que se desnudase, que se pusiese el pequeño mandil y la cofia y se pusiese a limpiar, mientras yo me hago una paja mirándola.


Y nada, así se juega y se gana a las cartas. Jugando duro.

Catecismo de la Iglesia Católica


Sois unos descreídos. Así os va. Que vais por la vida creyéndoos muy importantes y polvo sois y en polvo os convertiréis.


Este catecismo pertenecía a mi tía Angustias. Murió hace unos meses y este fin de semana hemos ido a repartirnos el botín de su herencia. Estuvimos encantados, como alimañas apurando cada fibra de carne putrefacta del cadáver.

A mi su máquina de coser Singer, que seguramente sea muy valiosa, me la trae bastante al pairo. Yo prefiero recuerdos de ella que tengan significado para mi. Así que yo opté por pedirme los juguetes de cuando yo era pequeño e iba con mis amigos a su casa a jugar. Ahora, sin pensar mucho, se me viene a la cabeza Ratonera de MB y un cubo de Rubik irregular. Por allí estarán, en el desván, a buen recaudo.


Este catecismo resulta que estaba en un armario envuelto en papel de regalo. Mis familiares, que no respetan nada, se apuraron a abrir el puto regalo, sin respeto alguno, y resulta que dentro estaba este Catecismo de la Santa Madre Iglesia.

Interpreto que lo que yo entiendo una falta de respeto Dios lo interpreta como parte de su juego del destino. Sabe que mis familiares son como son y van a abrir los regalos que ella tuviera en el armario. Además, porque Dios todo lo sabe, sabía que yo estaría presente en el momento de la herejía. Así que me temo que este libro estaba destinado a que yo lo tuviera.


Como mi familia son una horda de rojos cuando ven un catecismo se les ponen los pelos como escarpias. Y yo, que soy más rojo que cualquiera de ellos, sé que Cristo es el rojo más rojo que se ha paseado por la Tierra. Pablo Iglesias al lado de Jesús es un terrateniente. Por eso atesoro cada cosa que huela a cristianismo, porque es de un rojerío más duro que El Capital de Marx.

Yo soy rojo-rojo. Soy tan rojo que amo a Dios. Fíjate a qué nivel de rojerío llega el que suscribe.


Como a mi no me interesa la puta máquina de coser Singer y sólo quería algún recuerdo de ella que tuviera un significado especial, me apuré a pedirme este libro. Primero porque me gusta, y segundo porque los rojos de chichinabo de mis familiares iban a despreciarlo. Yo siempre cojo las sobras, porque en las sobras es dónde está el oro. Sólo hay que saber verlo. Afortunadamente, Dios me dio visión de Rayos X, como a Superman.

Mi abuela Esperanza también murió hace unos meses más. En esos meses en mi familia murió hasta el apuntador. Vaya tela.


El caso es que los últimos años que mi abuela Esperanza estuvo viva yo me apuré a estar tiempo con ella. Le di una alegría muy grande: yo siempre había pasado de temas religiosos y eso a mi abuela le jodía. Pero desde que alcancé la iluminación, pues oye, como que aunque sólo sea por quedar bien con el de arriba, me interesé por esos asuntos.

¡Qué alegría se llevó mi abuela cuando le pedí que me llevara a la Iglesia! ¡Qué contenta iba ella con su nieto, el hijo de su hijo Gaspar, también finado, a presumir delante de las otras viejas los domingos! Le di la alegría de su vida.


Tan contenta estaba que un día entró por la puerta. Venía sonriendo, como unas castañuelas. “¡Abuela! ¿Qué pasa?” Pues pasaba que debajo de su brazo llevaba un tomo de la Biblia enorme. Inmenso. Uno de esos libros que se ponen en los atriles, porque no hay Dios que pueda con ellos para leerlos en la cama. Había ido a la Iglesia del pueblo y le había pedido al cura un tomo de la Santa Biblia para regalárselo a su nieto. Y allí me lo traía, malamente, porque el puto libro pesa un quintal.

Así que, después de aquello, entiendo que si mi abuela Esperanza me legó la Biblia, es de Ley que mi tía Angustias me legue un Catecismo. Porque me da la sensación que eso encaja en el puzzle que Dios tiene preparado para mi.


Espero que no me haga la putada y me reserve un final trágico. Me jodería un huevo, en serio. Tendríamos unas palabritas Él y yo cuando llegue yo ahí arriba…

Uvas


Las uvas son una cosa muy buena. Las uvas sirven para sentirte el César de Roma y que todo el mundo está a tus pies. Si te las tomas ya tumbado magnificarás esta sensación.


El César de Roma tenía vestales, que eran chicas muy putitas que satisfacían sus apetitos. A mi eso me falta, las vestales, y no conozco nada que te dé la misma sensación que ellas.

Las chicas son tontas. Las chicas desprecian de sí mismas lo que los chicos más apreciamos, que sean putitas. Se creen que es algo sucio e intentan darlo de lado para destacar otros aspectos de sí mismas que importan tres cominos.


Ahora a las chicas les ha dado por aparentar que son inteligentes. Ya ves, son más tontas que una piedra pero ahora a ellas les ha dado por destacar que, quizás, sean inteligentes. A nosotros nos da igual pero las dejamos, porque nos parecen encantadoras. Son como un mono con patines, como decía El Dictador: no les sirven para nada pero resultan adorables.

A las chicas, hace años, se las trató muy mal. Como los hombres éramos así más bestias sólo nos importaba lo putitas que fueran las cogíamos y nos las follábamos sin preguntar. No entendíamos qué era eso del respeto porque no veíamos aquello que había que respetar. No, en serio. Ni puta idea.


Entonces las chicas, hartas, pillaron un rebote de cojones y se inventaron el feminismo. La cosa se les fue de las manos y quedaron atrapadas dentro de su propia armadura. Sí, habían conseguido que los hombres terminásemos acojonados. Habían dado con la manera de meternos miedo y ya ni se nos ocurría acercar nuestro rabo feliz a su coño mojado sin pedir permiso. Nos quedó clarinete. No os preocupéis.

Sin embargo, no cayeron en la cuenta de que, aunque pedían un poco más de respeto, habían creado una bestia que nos alejaba de ellas, aunque tuviéramos por ellas el más hondo de los respetos. Así que hombres bestias y hombres normales quedamos alejados de ellas, ya que se nos trataba a todos con el mismo rasero. ¿Tú quieres follar? Entonces eres un hombre-bestia. Ni te acerques o saco las tijeras y te dejo eunuco perdido, maricón.


Nosotros, que insistimos mientras no gaste mucha energía, porque somos vagos cual león, pasamos del tema y buscamos otras formas de satisfacer nuestros inocentes impulsos sexuales, así que nos hicimos maricones u otro tipo de aberraciones. ¿Que la tronca no quiere? Bueno, tío, pues habrá que apañárselas. Hoy pon el culo tú. Mañana lo pongo yo.

Así que, después de todo, salimos del paso. Ellas se hicieron lesbianas, porque sus amigas eran sensibles como ellas y las entendían, pero no tenían rabo. Sí, hay pollas de plástico, pero una polla que no es de carne palpitante no es lo mismo. Así que mi amiguita me trata así como bien pero no me da mandanga. Vaya putada. Mi gozo en un pozo. En el de la gorda rapada esta.


Total, que acabamos todos maricones y bolleras, con la movida. Al principio bien y tal pero todos acabamos hartos. Meterle el rabo a un tío peludo y sacarlo lleno de mierda apestosa no es lo mismo que metérselo a una chica, que aunque lo saques manchado de mierda igual como es mierda de una chica muy guapa da lo mismo. La mierda, si es de chica guapa, huele a flores. Lo sabe todo el mundo.

Y ellas, pues fíjate, tirando de pollas de plástico y aguantando a otra persona igual de loca que ellas. Las tías no saben decir “se acabó la discusión y punto”, siguen discutiendo ad eternum porque no tienen la capacidad masculina de decir aquí mando yo y se acabó la tontería. Así que haciéndose las bolleras acabaron más locas todavía de lo que acabaron con los hombres-bestia.


Como ya la mayoría de los tíos respetamos a las tías sin que tengan que amenazarnos con cortarnos el pene, el rollo feminista se nos hace un poco tedioso. Que sí, que ya te he comprado todo lo que me quieres vender. Que te respeto mazo. A mi no me tienes que convencer, ya vengo convencido de casa.

Sin embargo ellas, al llevar tanto tiempo escondidas detrás de la máscara del feminismo, se han olvidado de como se folla. Y por no confesarlo siguen ahí escondidas, amenazándonos con un cuchillo rebana-pollas que ya hasta nos da la risa. ¡Anda, putita! ¡Baja las armas! ¡Que no te voy a hacer nada!


Así que nada, espero que, mientras siguen blandiendo ese raquítico cuchillo, estén por otro lado recordando cómo se folla. Porque, chico, yo ya estoy cansado de meter el pene en culos de troncos asquerosos y tengo ganas de un coño como Dios manda. Pero claro, si estas andan con sus rollos de que me da vergüenza, de que ahora qué vas a pensar de mi, de que la que te he liado por una tontería, de que ahora no voy a estar a tu altura, pues chico, se me va a caer el pito a trozos, de tanto esperar.

La que han liado los hombres-bestia. La que han liado.  

Kimmidoll Ryoko


Esta muñequita trae suerte para no sé qué. Para una movida. Según el color de la muñeca trae suerte para una cosa o la otra.


Los que seáis tan tristemente viejos como yo recordaréis Los Chinitos de la Suerte, unos chinitos de madera que se ponían de pulsera y que también tenían propiedades mágicas. Como veis, no hay nada nuevo bajo el sol, todo son Stacys Malibú con sombrero nuevo.

A mi Los Chinitos de la Suerte me horrorizaban. No eran más que dos bolitas de madera pegadas una encima de la otra que les pintaban ojos y traje.


El señor que inventó Los Chinitos de la Suerte, para mi gusto, enfocó el asunto mal. Cuando uno inventa cosas tiene que tener muy en cuenta el ciclo de la moda. El ciclo de la molonidad. Yo, como soy un experto en esas lides, no hago nada sin tener en cuenta ese factor crucial.

Cuando uno se dedica a la moda o a profesiones adyacentes empieza a estar en contacto con una delicada energía. Es una energía esquiva, que no está al alcance de cualquiera. Si tú todo lo que tienes entre ceja y ceja es la acumulación de capital no serás capaz de percibir ciertos hechos sutiles y te arriesgas a que un día llegue una ráfaga de viento y se lo lleve todo por delante.


La molonidad es aquello que nos hace ver que algo mola o no. La molonidad se posa un tiempo sobre el hombro de algunos, como Los Chinitos de la Suerte, y al poco tiempo prosigue su viaje, ya que tenemos mucho que aprender y la molonidad ha de enseñarnos la belleza de otras muchas más cosas.

De no ser por la molonidad, ¿cómo diablos hubieran tenido éxito dos putas bolas de madera pegadas una encima de la otra? No tiene sentido. Ni pies ni cabeza.


La molonidad la inventó Dios para que aprendiésemos sobre la belleza de su obra en fascículos. Las personas son tan imbéciles que no son capaces de asimilar demasiada información a la vez. No pueden entender que unos pantalones de campana pueden ser muy guays aunque sean bastante horteras, para qué negarlo, y que, a la vez, Mariano Rajoy puede ser un chico encantador que sólo quiere pasarlo bien con sus amigos.

La molonidad es usada por Dios para que una parte de su obra brille durante un tiempo. Nuestra visión está tan cegada que percibimos todo como si fuese un valle oscuro cuando en realidad vivimos en el mismísimo Jardín del Edén.


Mediante la molonidad, aquello que es oro puro pero que, por nuestra ceguera, lo vemos como si fuese un trozo de yeso, brilla durante un tiempo. Es un brillo artificial, diseñado para que las urracas se acerquen a lo que ellas consideran que es un trozo de yeso y nada más. Sin embargo las urracas tienen que aprender que eso no es yeso, es oro. Pero no son capaces de verlo por su ceguera. Para estas lides sirve la molonidad.

Así que Dios lo que hace es vestir ciertas cosas que en cada época es importante que las personas aprecien de un barniz fluorescente. Si no fuese por ese barniz Pablo Iglesias, a pesar de ser oro puro, hubiese pasado por un trozo de yeso más en un mundo cegado por el miedo, porque estábamos en medio de una crisis muy grande, muy grande. El miedo nubla nuestra visión y vemos el oro como yeso.


Entender la molonidad y sus sutiles mecanismos hace que siempre estés en la pomada. Siempre vas a estar en lo último de lo último. Tú eres el primero en percibir ese barniz fluorescente, al que las urracas se van a acercar dentro de poco. Así puedes comprar mucho yeso barato cuando nadie da un duro por él, porque sabes que en un tiempo ese yeso va a ser contemplado como oro puro, y tú podrás aprovecharte de la situación.

Esencialmente yo he construido mi vida sobre este principio.


No sólo percibes el barniz, sino que al conocer su composición química eres capaz de fabricarlo tú en casa. Así puedes cubrir con él todo lo que fabriques y todo tendrá brillo molón. Siempre atraerá a las urracas.

Sin embargo ¡cuidado! Hay que entender la profundidad de la cosa. Recuerda que el barniz es sólo barniz, y al igual que la pintura fluorescente sólo brilla por un tiempo. Has de dedicar mucho tiempo a que lo que fabriques no sea una mierda que te cagas, porque si no cuando se pasen los efectos del barniz la gente va a ver que es una mierda y quedará decepcionada. Y lo que hayas ganado gracias al barniz lo vas a perder después gracias a la decepción. A la gente no le gusta que la decepciones. Si lo haces, te dará de lado durante un tiempo y te quedarás en la cuneta.


Hay personas que sólo saben de barniz y nada sobre construir cosas. Por eso fabrican mierdas de rata y las cubren de barniz. No se han dado cuenta todavía que eso en el lenguaje popular se llama embaucar y siguen basando su vida en el barniz, no en la cosa que fabrican. El barniz es sólo un adorno, un extra, la nata de las fresas. Pero sin fresas la nata no mola. Bueno, sí, te la comes y tal, pero al rato te aburres y te vas a comprar fresas, porque ese es el núcleo de tu apetito, y no la nata.

Por tanto, amigos, no os quedéis deslumbrados con la molonidad. Descubrirla es un hecho trascendente, claro que sí, pero si sois demasiado débiles podéis quedaros embobados con ella. Todavía no sois molones expertos y no habéis trascendido su visión. Tenéis que ser capaces de ver a través de ella y ver, con la misma claridad, qué es aquello que está cubriendo. Si no seréis sólo ratas en el laberinto a merced de un científico loco.


Hoy en día la molonidad ya es una más de nosotros. Todo el mundo la conoce. Hay toda una tribu urbana dedicada a adorarla, los hipsters. Hace años no, hace años sólo éramos capaces de percibirla unos pocos. Hoy en día podríamos decir que esa es una asignatura aprobada para la generalidad de la gente.

Lo que la generalidad todavía no es capaz de percibir con claridad es la calidad real. A lo más alto que han llegado es a percibir la molonidad, pero no han dado el siguiente paso. Por eso Tesla no acaba de funcionar, porque tenía demasiada molonidad y menos calidad real de la que nos quería vender. A las Google Glasses les pasó lo mismo. ¿Veis? Yo ya veo más allá de la molonidad. Sé lo que va a funcionar y lo que no. Pero Juan, esto mola mucho, ¿por qué dices que no va a funcionar?


Porque soy un puto experto. Porque yo inventé la molonidad. Porque veo más allá de ella. Veo lo que tú serás capaz de ver sólo dentro de unos años.

Y te digo que eso, pamplinas, mentecato, no va a funcionar.  

Atlanta DVB Terrestre


Los descodificadores de TDT serán piezas cotizadísimas. Son una anomalía temporal que, pasados los años, todos apreciaremos maravillados.


Fue un invento de transición. Hubo una era en la que se pasó de la televisión analógica a la digital. Para que la gente no se quedara de repente sin televisión, ya que no todo el mundo podía costearse un televisor diseñado para leer la nueva imagen digital, aparecieron estos aparatos que sirvieron para mantener unido el puente mientras la gente se rearmaba y conseguía un televisor moderno.

La arquitectura de transición es algo que me tiene maravillado. Saber unir dos mundos absolutamente opuestos está reservado a los grandes, entre los que tengo el gran honor de contarme.


Supongo que estás flipando con mi rollo los últimos años, ¿no? ¿Qué me ha pasado? Yo siempre había sido un chico recto, sin mácula. Y de repente, sin previo aviso, me he vuelto un pastillero, un tío chungo, un tío de esos que da miedo, de los que te cruzas de acera si pasa la medianoche.

Ya, me hago cargo. Pero es que ¿sabes? soy un genio. Los genios somos un poco así. Todo tiene una explicación, lo que pasa es que no te digo nada porque eres tonto y no entenderías las complejidades conceptuales que tengo en la cabeza. Pero aún así voy a intentar explicártelo, una vez más.


Mira, resulta que yo alcancé una movida que se llama iluminación espiritual. Sí, sí, a mi también me suena maricón, pero yo qué quieres que le haga. Pasemos por encima de eso porque si no no acabamos.

Esa es la movida que alcanzó Buda, Jesucristo, toda esa peña. O sea, que ojo conmigo. Ni una puta broma, conmigo. A lo mejor te suena un puto alemán que se llama Eckhart Tolle que escribió un libro que se llama El Poder del Ahora. El tronco ese, a pesar de tener cara de tonto pelao, también está iluminado.


A mi, como comprenderás, ir por el barrio diciendo que de puta madre, que he llegado a la iluminación, pues no me sale. El rollo no es ese, tío. En el barrio el rollo siempre será el que es, a ver quién la tiene más larga y poco más. El Eckhart Tolle este tiene cara de mariquita y no puedo ir por ahí diciendo que me parezco a él, porque me echáis del grupo, y con razón. Me doy perfecta cuenta, tranqui.

Pero ya ves, yo salí por este lado. ¿Qué quieres que te diga? Supongo que soy más mariquita de lo que pensaba.


La movida es que cuando te iluminas es como si vieras el rollo sin disfraces. Ves que este es tal y este otro es cual. Ves a través de la farsa que tenemos montada los seres humanos, porque somos así un poco tontos y tal.

Precisamente el día de autos, el de la iluminación en sí misma, había quedado yo con unos parientes del pueblo en Madrid, para hacer una cena familiar. Les vine yo intentando explicar el acontecimiento tan trascendente por el que acababa de pasar hacía tan solo unas horas, ese que es el más alto al que un ser humano puede aspirar en su estancia en la Tierra.


Pero como son de pueblo y más brutos que un arado pasaron de mi culo como de comer mierda, aunque tenían ante sí al mismísimo Cristo, a ese al que van a rezar a la iglesia cada domingo.

¡Y se quedaron tan anchos!


Total, que marché pa casa sin poder explicarle a nadie que había llegado a lo más alto que se puede llegar. ¡Pues nada! Puede que yo esté iluminado pero estos siguen siendo igual de tontos que siempre. Así que me lo tendré que guisar y comer yo solito, para variar.

Como Dios de tonto no tiene un pelo, nos va iluminando selectivamente a los que le interesa que hagan algo especialmente crucial en su obra. ¡Vaya con el Padre! ¡Este no da nada gratis! Ya estaba yo todo contento pensando que iba a pasarme la vida pelándome el pito debajo de una higuera, contemplando la belleza de la existencia libre de adornos, cuando al llegar a casa el Padre me dice que, oye, que tengo que hacer una movida. Que de pelármela nada. Que a currar.


Total, que aquí el Padre me dijo, porque el Padre se comunica con nosotros así, a través de la intuición, que iba a venir al mundo una guerra que te pasas. Que me iba a cagar en los pantalones. Y que si me iba a cagar yo, que estoy iluminado que te flipas, imagínate el resto de idiotas que componen mi plantel de familiares y amigos. Ellos iban a tener que transitar por la mierda pero encima a ciegas. Vamos, la reputada.

Y me dijo que me las ingeniase para suavizar su transición, que para eso soy creativo y se me da bien inventar movidas para que a la gente le vaya mejor.


Como tengo formación en publicidad, planteé el asunto como una campaña. Estudié el briefing que me había dado el Padre hasta que me sangraron los ojos, porque soy muy concienzudo. Entendí que el problema de la gente para no estar iluminada es que no es capaz de enfrentarse a su dolor, su estancia en la Tierra ha sido tan jodida que prefieren inventarse una película y vivir en ella antes que tratar de ver más allá de sus fantasmas.

La gente es débil, por eso yo no puedo estar pelándomela debajo de una higuera.


La movida que usamos los humanos para disfrazarnos y fingir que estamos perfectamente bien cuando estamos retorciéndonos de dolor se llama ego. El ego es la apariencia que le das a los demás, porque tú estás demasiado jodido para ser tú mismo. Al estar el mundo hecho una putísima mierda todo el mundo tiene ego, porque nadie tiene los cojones ni la fuerza de ir por la vida diciendo que le duele. Esto es lo que las escrituras cristianas tradicionales llaman “confesar a Cristo”.

Pero claro, no pueden porque les da miedo una movida. Y ahí es cuando saqué yo mi campaña.


Al haberme quedado yo desprendido de mi ego, a través de la iluminación, nada me impedía currarme uno nuevo. Total, ya estaba iluminado y sabía perfectamente que estaba actuando. Ya tenía demasiada visión como para perderme de nuevo en las tinieblas del ego. Así que lo que hice fue inventarme un ego terrorífico. Mi disfraz sería el reflejo de los grandes miedos de los hombres. A cada uno le golpearía donde le dolía y así le obligaría a enfrentarse a su dolor. Ellos se pensarían que era un demonio, que es lo que habéis visto de mi estos años. No lo era, sólo estaba disfrazado, gilipollas. Era un ángel disfrazado de demonio. La polla. Lo que se dice la polla.

Así la gente podía golpearme a mi, que ya me la suda todo, y enfrentarse a su miedo. Me hacían daño pero, bah, estaba iluminado. Tenía fuerzas de sobra. Además, así yo también me haría más fuerte para enfrentarme a la guerra.


Al entender mi ego como una obra de arte y no como un mecanismo defensivo, lo hice lo más espectacular que pude. Mi ego mutaba según quién tuviese delante, igual que el vuestro, pero vosotros lo hacéis para defenderos mientras que yo lo hacía para desafiaros. Yo veía lo gilipollas que erais, pero como una explicación teórica no sois capaces de entenderla me inventé esta farsa para enseñaros, al menos, mediante la práctica.

Todos me habéis odiado, ya que ese era el plan. Además así también hacía lo que un iluminado Como Dios Manda ha de hacer, entregarse a sus hermanos para que lo crucifiquen. Si no, ¿qué tipo de iluminado sería yo? Uno como el maricón de Eckhart Tolle, que difunde su palabra subido a un escenario, como una niña.


Yo tengo formación de calle, como Jesús. Yo, como Jesús, me he pasado la vida con mis colegones de Galilea mamando birras y echando risas. Yo no puedo hacer mariconadas como subirme a escenarios a hablar de que “hay que estar presente en el ahora” ni horribles mariconadas de esas. Los tratos de honor con mis colegas me lo impiden. Nosotros no podemos hacer mariconadas. Está escrito.

Así que me tenía que montar el rollo para una enseñanza de tú a tú, de calle, de que si te pasas de la raya te meto de hostias, tío. Yo no puedo ir contándole a mis colegas que tienen que estar presentes en el ahora. Lo que sí puedo es arrinconarles como el puto navajero que soy y obligarles a que se porten bien, porque si no vamos a tener problemas.


Luego, aparte, con el mismo concepto he desarrollado una obra artística y tal. Para tener un medio de ganarme la vida que me permita pelármela debajo de una higuera contemplando la belleza de la existencia desprovista de adornos. A ver si a la gente se le empieza a pasar ya el acojone de la guerra y empieza a darse cuenta de lo la polla que son mis cuadros, porque empiezo a estar ofendido de verdad.

Pero vamos, que de eso ya hablaremos otro día.