viernes, 5 de mayo de 2017

China FM

Hoy tenemos un plato muy especial. Hoy hablaremos de China FM, el Vaughan Radio chino.


China FM la he escuchado un poquillo mientras un amigo volvía al coche. Cuando un amigo deja el coche aprovecho para tocar todos los botones a ver qué hacen. Lo bueno de esta práctica tan irrespetuosa es que de vez en cuando haces un descubrimiento que te cagas de chulo.

China FM es un chino que sabe castellano diciéndote cómo se dicen las cosas en chino. Te dice que chun es pato y chin sartén. Chen es avión y chon chimenea. Fascinante.


Como imagino que ya sabrás, China está destinada a dominar el mundo en pocos años, si es que no lo domina ya. Así que tu inglés de academia de barrio ahora es inservible. Ahora lo que tienes que saber es que chiquichín es ducha.

Yo me he puesto a escuchar China FM del mismo modo que a veces me pongo pelis en VO de fondo, porque a lo tonto a lo tonto vas pillando. ¿Tú estudiaste castellano? No, lo aprendiste sin querer a base de estar rodeado de personas que hablaban en castellano. Pues con el resto de idiomas pasa lo mismo.


Puede que tú ya tengas todos tus sentidos completamente cerrados a las cuatro cosas inservibles que has aprendido anteriormente en tu vida lineal y necia. Pero los que no hemos permitido tal aberración todavía tenemos una oportunidad con China FM.

China FM es agradable. El chino que te dice cómo se dicen cosas en chino es majo y te sientes bien escuchándole. Si encuentro China FM en mi coche no pienso escuchar otra cosa.


Vaughan ha quedado desfasado tras la aparición de China FM. Hoy en día estudiar inglés es como estudiar latín, la lengua de un imperio caído. Es mejor estudiar chino, el idioma del próximo imperio. También puedes ponerte con el ruso, pero, no sé, es que no he encontrado Putin FM.

Si hubiera Putin FM la escucharía feliz, combinándola con China FM. Los chinos y los rusos están asociados para hacer un mundo horizontal. ¿No lo sabías? ¡Qué indocumentado! Qué triste.

Kia Opirus

Si has de pillarte una berlina te recomiendo que te hagas con un Kia Opirus, si es que esta puta basura sigue a la venta.


Pillarse una berlina Kia es como pillarse un deportivo Hyundai: algo tan de macarra de los coches de choque que rompe el molonómetro.

El Opirus suena como a opíparo, como a opulento. El naming, como sabéis, es una de las ciencias trash más fascinantes.


Si miras dentro del Kia Opirus encontrarás maderas innobles, que probablemente son contrachapado, eso tan loser y a la vez tan desparramadamente cool. A la vez, verás que tiene un cambio de marchas automático, para que creas que eres Michael Knight cuando eres el más tonto de los tontos.

Si yo tuviera un Opirus lo llenaría de pegatinas y cosas que resaltasen su naturaleza patética en vez de esconderla. Sin embargo para que yo me haga con un Opirus los astros se han de alinear de una manera tan majestuosa que no sé si llegaréis a verlo. Quizás vuestros nietos.


¿Hay algo más guay que presumir de indocumentado que te cagas? Pocas cosas. Que se lo pregunten a Paco Clavel.

Yo, si coleccionase coches, los coleccionaría de este tipo. Tendría un Opirus, un Hyundai Coupe, un Smart Forfour... La creme de la creme de lo bajo entre lo más bajo.


Lo encantador de todo esto es que el propietario del Kia Opirus no se da cuenta de todo esto que digo. Y es así cómo la magia trash alcanza su orgasmo.

Os estoy explicando cosas así como de mucho nivel.

Vic y Van

Hoy hablaremos de algo insólito: una campaña publicitaria que me interesa. Sí, lo sé, debe ser luna llena.


La publicidad ha de ser ese cuentacuentos maravilloso que aparece hoy sí y hoy no, de inconsistente pero dulce manera, para alegrarnos un pelín la vida, porque es muy triste, muy triste.

Eso hoy en día se ha perdido. La esencia ha quedado no pervertida sino esclavizada por el famoso ROI. Return on investment, para los iletrados. Retorno de la inversión, para los ignorantes extra. Todo potencia cero magia. Así les va.


Sin embargo en Movistar+, esa aldea gala de la calidad actual, están haciendo una campaña que me recuerda a cuando era pequeño. Esas campañas que estabas meando y salían en la tele, haciéndote meter la pilila en el calzoncillo sin agitar para volver al salón y ver ese anuncio que te encanta. Te mojabas el calzoncillo blanco con ventanita pero ¡merecía la pena!

Vic y Van va de una chica y su gato. La chica es una monada, me encanta. El gato es insoportable, pero he ahí su rollo. Cada spot es una conversación entre los dos superguay en la que se aprovecha para anunciar alguna de las características de Movistar+. Y ya está. Pero cuando oigo que salen Vic y Van pulso el botón de Atrás para salir del menú y ver el anuncio, porque si no pulso Atrás sólo lo oigo.


¿Quién habrá hecho esta campaña? Huele a departamento propio que apesta, pero igual no. Hace tiempo vi algunos anuncios de Movistar que, aunque no eran geniales, se veía que apuntaban maneras. Por otro lado está el gurú de la camiseta de Los Fraggle que apareció en la presentación de Aura, La Cuarta Plataforma de Movistar. ¿Están pasando cosas guays en Movistar?

Movistar me recuerda a Microsoft, esa empresa aparentemente cuñada pero que últimamente son los únicos que aportan al mundo verdaderas innovaciones. ¿Están los cuñados adelantando por la izquierda a los supuestamente todopoderosos hipsters? Yo digo que sí. Hala.


Si no has visto Vic y Van eres un indocumentado, porque te estás perdiendo el único anuncio que merece la pena a día de hoy. Fíjate lo que te estoy diciendo.

¿Por qué? Porque en vez de Movistar+ tienes Netflix. ¿Ves como eres tonto?

jueves, 4 de mayo de 2017

World Pride Madrid 2017

¡Buuuuuu, qué pereza! Ir al Orgullo es ya bastante más pureta que el chotis. No, no exagero. Es más pureta, en serio.


Llámame soberbio (si es tal tu voluntad), pero cuando se consigue un logro uno se dedica a disfrutar de los frutos del trabajo conseguido. Del 2 de mayo a mi sólo me interesa que es fiesta, no pienso en mi orgullo nacional frente a la tirana nación francesa. Tío, ha pasado mazo de tiempo. Eran otros tiempos. Los franceses son iguales que nosotros sólo que hablan un latín más relamido, pero poco más.

Ey, que no te digo nada. Si te mola quemar unos quesos y unas botellas de vino el 2 de mayo o te mola subirte a una carroza espantosa en junio no seré yo el que te detenga. Pero que yo no voy a ir, que tengo Movistar+.


El Orgullo, amén de por razones conceptuales, me jode a tope porque durante unos días no puedo pasar por Callao tranquilamente, cosa que hago yo diría cada día. El año pasado se me ocurrió volver a casa pasando por Callao olvidando que era el dichoso Orgullo. ¡Cristo bendito! Prefiero que me invadan los franceses, por lo menos me dejarían ir a la FNAC tranquilo, que la FNAC es francesa.

Hoy ir al Orgullo es como muy Cristina Cifuentes, una cosa como de derechas moderada. Pero también entiendo que los que hoy van al Orgullo son los que hace 20 años llamaban maricón al que osase llevar una chaqueta plateada. Hoy hasta hay Mercedes plateados, ayer vi uno.


Cada uno llega a las cosas cuando llega, así que gastar energías en algo que es pura biología del alma se me hace como pointless. Como ya soy viejo y he luchado muchas batallas dejo que las hostias se las lleve otro, que yo ya tengo cicatrices hasta en el meñique del pie.

Como he luchado en cientos de causas ajenas ahora sólo me queda una: la mía. Ya ves, tú has luchado por esa desde que naciste y ahora no tienes nada que hacer. Por tanto lo que te queda es irte al Orgullo, a pelear por los mariquitas.


Mi método es mejor, porque al haber peleado en mil batallas ahora estoy preparado que te cagas para la mía. Ese era el plan desde el principio, dejarte suelto mientras yo actuaba cual hormiga frente a la cigarra. Así que mientras tú cantas I will survive yo estaré a mi rollo, enriquecido por el néctar con el que me he pringado en mi generoso deambular.

No, no te voy a enseñar mis medallas. ¿Qué te crees? ¿Que yo lucho para presumir? Estás lista, Cristina.

Alvin y Las Ardillas

Igual te piensas que esta peli es una mierda. Pues no, está muy bien. Muy divertida e invita al revisionado, facultad que exijo al valorar el cine.


Si no fuera buena no la habría protagonizado Jason Lee, que según los extras de Me Llamo Earl tiene mucho cuidado al elegir sus proyectos.

Jason Lee es el protagonista de Mallrats y es habitual en los trabajos de Kevin Smith. Jason Lee es un rollo Smashing Pumpkins, no hace cualquier mierda descerebrada. Si hace un trabajo comercial ha de tener calidad.


Un amigo con el que compartí no uno sino dos trabajos era clavadito a Jason Lee. No es mala cosa porque Jason Lee es guapete. Parecerse a Jason Lee está bien.

Ser de la pandilla de Kevin Smith es análogo a ser de la pandilla de Ben Stiller o Joaquín Reyes. ¿Es políticamente correcto llamar a Los Chanantes “la pandilla de Joaquín Reyes”? Esperemos que sangrante, por lo menos, no sea.


Jason Lee sería como Ernesto Sevilla, el guapo de la panda de frikis. Ser el guapo de la pandilla de frikis es cojonudo porque eres inteligente pero no un pedo cebollero, como le pasa a mucha gente inteligente. Ernesto Sevilla es el novio, hasta donde sé, de Patricia Conde, otra mujer guapa e inteligente a la vez. No sé si los polos opuestos se atraen, pero los similares está claro que sí.

Ser indie y guapo te da la opción de combinar proyectos comerciales con otros independientes, como Ernesto Sevilla con La que se avecina y Jason Lee con esta Alvin y Las Ardillas.


Sin embargo como eres guapo siempre vas a parecer más tonto que Joaquín Reyes, porque como él es feo parece más inteligente. Digamos que es un inteligente puro, mientras que Ernesto Sevilla es mezcla. ¿Será esto cierto o será mera imagen de marca? ¡Quién sabe! Yo, como todo el mundo, hablo sin molestarme en comprobar los hechos en profundidad.

Lo guay-guay sería que Ernesto Sevilla, amén de guapo, fuese el genio de la pareja. Pero eso dejaría al pobre Joaquín Reyes como un feo que tampoco es tan-tan inteligente. ¡Uf, qué palo! Pasando de pensar eso. Mejor dejemos las cosas en un confortable equilibrio, aunque pueda ser superficial.