jueves, 19 de octubre de 2017

Hot Shots – Hot Shots Part Deux

¡Vaya mosqueo que se cogió Charlie Sheen! No tengo ni idea de qué pasó exactamente, lo que sí sé es que se lo cargaron de Dos Hombres y Medio y en su lugar pusieron a Ashton Kutcher, que es probablemente su opuesto total. ¿Lo es?


Francamente, ya no estoy tan seguro. En principio le miras a Ashton a la cara y todo perfecto: un dulce chico. Pero cuando le vi reprimiendo a una activista espontánea en una presentación de Airbnb, compañía de la que es pingüe accionista, ya no me pareció tan dulce. ¡Qué mala hostia! Todo sonrisas hasta que le tocan “su cosa”. Así no vale.

Ver esto me llevó a pensar que Ashton no es tan diferente de Charlie. Lo único que les diferencia es cuál es “su cosa”, pero cuando se toca estallan los dos como los machos camachos que son. La diferencia es que uno hace como que no y al otro le da igual.


En principio me gusta saber qué cartas lleva el otro, así todo me queda claro de entrada. Ah, que tú eres un ególatra irrecuperable. Estupendo. Tendré cuidado con esa tema, tranquilo. Ah, que tú eres tonto como una naranja. Ningún problema. No hablaré de ecuaciones.

Entiendo perfectamente que la gente ponga sus líneas rojas. Yo tengo las mías bien definidas y además estoy dispuesto a negociarlas si el trato es justo. Ahora bien, si alguien me viene del palo de que él no tiene línea roja alguna y luego acaban saltando las alarmas ya me enfado. ¿Pero no eras Santa Claus? ¿A qué viene este berrinche entonces?


Lo mejor es soltar el gruñido justo después de conocerse. Así el asunto queda dirimido de entrada. Uy, con este hay que tener cuidado de no tocarle aquí. Fíjate, un comentario de nada y ya está gruñendo. Los perros hacen lo mismo y les va cojonudamente. ¿Por qué los humanos tenemos esa necesidad imperiosa de agradar a costa de “nuestra cosa”?

Como los perros, si a mi me vienes a tocar “mi cosa” sin respeto y así como de cualquier manera suelto el gruñido. ¡Qué enfadicas es Juan! Pues sí, chico, soy muy enfadicas. Soy el más enfadicas de todos, podríamos decir. Ahora que ese punto ha quedado claro, ¿qué me ibas a contar?


El razonamiento para hacerse el simpático es claro: si gruño demasiado la gente se apartará de mi y pagaré una penalización social grande. Sin embargo, si dejas que la gente manosee “tu cosa” como le venga en gana pronto “tu cosa” estará pringosa y te quedarás sin nada que aportar al juego social. ¿Cómo vas a equilibrar tan delicada cuestión? Estoy deseando ver qué inventas.

¿Es mejor un gruñón o un Pepe Sonrisas? En este punto del desarrollo humano prefiero al gruñón. Hoy todo el mundo es simpatiquísimo. Antes todo el mundo era gruñón y uno prefería al simpático. Pero ahora han cambiado las tornas. Por tanto hoy por hoy, en Octubre de 2017, escojo al gruñón. En 2018 ya veremos a ver.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Speed Racer

Speed Racer es de los directores de Matrix, o sea, que no puede estar mal. En la caja lo pone bien claro: “De los visionarios directores de Matrix”.


Hoy la gente se pega por ser visionario. ¡Se pega! Es curioso que gente que diga que es visionaria se pegue con otra que también lo dice, porque hasta donde yo sé cuando te estás pegando con alguien no ves nada, es todo confusión. ¿Cómo puede ser visionario alguien que está más preocupado por quedar por encima del compañero que por ver nada?

Estos pequeños detalles son los que te animan a ver una charla TED o no. Cuando un tronco está dando un discurso a un auditorio, cual profesional de la stand up comedy, aunque todos sus gestos tratan de destacar una sabiduría y un aplomo por encima de la media uno ve algo por el rabillo del ojo: es el bicho del tronco, que asoma cuando la luz le da por determinado lugar.


El bicho no es tal bicho, es un niño acojonado por no dar la talla cuando la situación lo exige. Pero un niño con tal nivel de presión encima se convierte en un bicho. Trata de apuntalar bien sus defensas para que no se note que es lo que es y eso consume unos recursos asombrosos. Es imposible que su discurso tenga interés porque lo que verdaderamente tiene interés es cómo consigue sostener esa farsa descarada.

No hay nada más triste que un niño gordito negando repetidamente que lo es. Ese pobre niño gordito tendría que estar comiendo Bollycaos, como dicta su naturaleza, no dando charlas que, dicho sea de paso, ya conocemos todos de pe a pa. ¡El mayor comercio minorista del mundo no tiene tiendas físicas! ¿No es asombroso? Estoy hablando de Amazon.


TED es un contenedor de niños gorditos que maldicen a Dios por haberles hecho como son. Me pregunto por qué no les gusta ser un niño gordito, porque a mi me encanta: los dulces te gustan más que a nadie y tus biorritmos te llevan a una vida calmada, pacífica. Sin embargo estos del TED es evidente que tienen algún trauma en su gordito cuerpo que les impide apreciar lo que realmente son.

Una charla del TED no es tal charla, es una venganza: contra todos los que se rieron de ellos, contra todos los que golpearon su cuerpo redondito, metafóricamente, claro. ¿Realmente estos carne de terapia de grupo tienen algo que decir? Lo dudo mucho.


Todos son como Speed Racer, intentando correr muy rápido para llegar a quién sabe dónde. ¡Qué cosa tan teenager! Yo no sé cómo señores con esas canas todavía están en ese rollo.

Tranquilos, foquis, bajad la marcha. Esto empieza a ser de vergüenza ajena. Bajad de ese escenario, por el amor de Dios, que ya vemos todos el pastel. ¡Mmmmm! ¡Pastel! ¡Eso sí que es lo tuyo! ¿A que sí? Anda, toma un euro, cómprate un Q! Canuto.  

martes, 17 de octubre de 2017

Mi Super Ex-Novia

Esta película va de una novia a la que dejan y se cabrea muchísimo. Lo original es que la chica tiene superpoderes y no deja de darle dolores de cabeza al chico que la dejó.


A mi también me han dado dolores de cabeza por esos motivos, pero afortunadamente no tenían superpoderes. De ser así habría firmado mi sentencia de muerte. Si ya es difícil cargar con alguien fuera de sus casillas imagínate si tiene superfuerza y supervelocidad. Y supertodo.

Lo de que te dejen tiene que ser una humillación durilla. Naturalmente, yo también lo sé por propia experiencia, pero jamás se me ha ocurrido tomar represalias. No es que no te apetezca, lo que no te apetece es que, si las tomas, luego tienes que lidiar contigo mismo. ¿Cómo superar que le has montado un Cristo bendito a alguien sólo porque estabas enfurruñado?


Sólo por no tener que hacer cuentas con uno mismo es mejor morder un lápiz. Aguantarte el cabreo pero no tener que arrepentirte más tarde de haberte pasado de la raya. Las cosas van tomando su lugar poco a poco, así que si tu comportamiento es correcto terminarás aliviado y sin remordimientos por haberle hecho nada a nadie.

La gente suele pensar que los agravios cometidos contra uno son más dolorosos que el peso de haberlos cometido contra los demás, pero no es cierto. Es mejor que le deban a uno dinero que debérselo a los demás, ¿no? Pues es tan sencillo como eso.


Solemos hacer como que dentro de nosotros no hay un balance de debe y haber. De reconocer que lo tenemos no podríamos hacer muchas cosas de las que hacemos. Y sin embargo ahí está, haciéndote sentir bien o mal dependiendo del bien o mal que hagas al prójimo. Si haces cosas buenas por los demás aumenta el haber. De lo contrario se incrementa el debe.

Cuanto más tardemos en reconocer que ese balance existe más pufos nos permitiremos cometer. Pensaremos que estamos deprimidos cuando en realidad lo que nos pasa es que estamos cargados de deudas, esas que si queremos podemos confesar pero si no queremos no. Por eso es importante tener las cuentas bien cuadradas.


No se puede servir a dos amos, o mantenemos nuestro balance interior saneado o mantenemos el del banco. Negar la realidad no hace que deje de ser realidad. Tu problema de depresión viene de ahí, de que has faltado a la justicia en demasiados tratos. La infancia que le cuentas a tu psicoanalista no tiene nada que ver.

Tu balance interior te acompaña siempre, el del banco sólo mientras le seas útil. ¿A qué esperas? Pon tus cuentas en orden que queda mucho camino por delante.

lunes, 16 de octubre de 2017

Bomb Jack – Game Boy

He aquí un juego fino filipino. Lo que es una estructura irrompible y unos controles que te divierten por el mero hecho de manejarlos. ¡Qué flipe tengo con este cartucho!


Bomb Jack tiene la edad de un millennial medio. Yo no sé por qué a los millennials se les llama “nativos digitales” porque que yo recuerde hasta 1997 ó 1998 esto de Internet no estaba muy ahí. Los verdaderos nativos digitales tienen como característica principal que no les asusta un ano desgarrado saliéndosele las tripas porque nacieron cuando Goatse estaba en la Red escandalizando a todo quisqui.

Para mi los primeros años de Internet son como un día de Reyes que duró mucho rato. Recuerdo el mencionado Goatse y Newgrounds, la página de juegos de animaciones en Flash que nos hacía flipar con el potencial creativo de la gente alrededor del globo. ¿Tú estás flipando con eso ahora? Claro, en aquellos tiempos estabas todavía flipando con Telecinco. ¡Menudo indocumentado!


De aquellos barros estos lodos, o como sea. Yo me hice un curso de programación en HTML, o sea, lo piú. No contento con esta hazaña, descubrí cómo manejar Flash y, para colmo de malabarismos, aprendí a programar un poco en ActionScript, el lenguaje ad hoc para Flash. Hice una animación para mi novia y un videojuego para mi ombligo. Todo marchaba estupendamente bien.

Por eso entiende, mi rezagado lector, que cuando ahora tú me vienes hablando de “la Internet de las cosas” yo me ponga un poco negro. ¡Hablas de Internet como si la hubieras descubierto ayer! Y es que es un poco eso, eso es lo que pasa. Siento que no tienes galones suficientes como para hablar de estos temas con tanta autoridad.


Si antes de hablarme de Snapchat me cuentas qué estabas haciendo en 1997 abriré mis orejas. Sin embargo si te limitas a enseñarme tu logotipo plano como la Apple de Tim Cook te enseñó que lo diseñases te miraré con recelo. “¡Aquí viene otro espabilao!”, pensaré. Si no tienes en casa una colección bien cuidada de ejemplares de PC Actual con sus correspondientes CD-ROM de regalo creeré que eres un impostor. Querido amigo, la experiencia cuenta. No te engañes.

Me temo que no tendrás tal colección porque los que la tenemos respetamos mucho todo el tema de Internet, la informática y su puta madre. Los que la tenemos estamos más callados porque conocemos las tripas del asunto, no su capa externa nada más. Yo creo que antes de autoproclamarte experto en un tema deberías serlo.


Que no te digo, amigo mío, que no me guste Instagram. Es una cosa muy chula, te entretienes estupendamente mientras el semáforo se pone en verde para los peatones. Sólo digo que, bueno, es sólo eso. Ni más ni menos. Quiero decirte que espero que tengas algo más en tu vida que Instagram porque si no estás frito.

Ah, que ahora quieres que te enseñe mis CD-ROM de la PC Actual, ¿no? ¡Qué pronto te has hecho retro! Una reprimenda y ya reculas. ¿Ves como estás muy verde? Si lo digo por ti, hombre.

domingo, 15 de octubre de 2017

Inspector Gadget

El Inspector Gadget es uno de mis personajes favoritos de cuando era pequeño. Me encanta eso de estar repleto de gadgets y ser medio tonto. Parece una profecía que alertaba de los millennials, ¿no creéis?


Al Inspector Gadget le pasaba como les pasa hoy a los millennials: que mucho gadget pero como no esté el perro Sultán y la inteligente Sophie para limpiarles el culo no consiguen nada. Esta serie dejaba perfectamente claro que aunque tengas la más avanzada tecnología si no tienes buen juicio no vas a ir a ninguna parte.

Al Tío Gadget Sophie nunca le decía nada de todo lo que hacía por él. Le resultaba enternecedor que el Tío Gadget se creyese tan importante cuando en realidad era más tonto que una piedra. El perro Sultán lo llevaba un poco peor, estaba hasta la coronilla del pobre idiota. Pero por amor a Sophie tragaba y seguía llevando palos a diestro y siniestro.


A los millennials les pasa un poco lo mismo; no quieren reconocer que sin aquello contra lo que se rebelan no conseguirían nada. Sin Jack Nicholson en Algunos Hombres Buenos los millennials estarían a merced de innumerables amenazas exteriores. Sin embargo los millennials son como Tom Cruise, tan soberbios que les resulta imposible dar las gracias.

Es natural que no den las gracias; de hacerlo quedarían de lo que son, unos niños caprichosos que saben hablar mucho pero de picar piedra no tienen ni puta idea. El honor y la lealtad son conceptos desconocidos para ellos. ¿Cuánto tiempo puede aguantar uno este rollo injusto, ridículamente infantil? No lo sé, pero más bien poco, me temo.


Los millennials tienen el mismo problema que los fachas: son demasiado orgullosos. No son capaces de contemplar la posibilidad de que quizás no sean tan listos. Por lo tanto ahora los únicos conflictos que quedan por resolver sobre la faz de la Tierra son aquellos que enfrentan a dos bandos igualmente idiotas: millennials y fachas.

¿Cómo puede acabar esto? No lo sé y francamente no me interesa. Los conflictos de las divisiones inferiores son, naturalmente, demasiado inferiores para mi. Estar peleando por a ver quién es más listo es tan productivo como intentar vaciar el mar. Este tipo de conflictos son para gente que todavía tiene algo que demostrarse a sí misma.


¿Qué hará Juan mientras se solucionan estos pormenores? Lo que Juan hace siempre, pasear por las calles en busca de nuevas piezas audiovisuales a precios bajos, bajísimos. A Juan no le interesa pelear por ver quién hace la jugada más rocambolesca. Juan es demasiado guay como para rebajarse a tener que demostrarlo. Juan pasa de vuestro rollo, lo siento, colegas.

Cuando terminéis esa lucha que en realidad es contra vosotros mismos Juan os esperará viendo El Inspector Gadget, una película en la que Matthew Broderick hace un papel mucho mejor de lo que uno podría esperar habiendo visto Un Loco a Domicilio. Ya veis, chicos, que la vida es más fácil de lo que pensáis.