martes, 30 de enero de 2018

Impactum Fast – Energy Drink

Impactum puede jactarse de haber hecho algo muy guay: una bebida azul. No todo el mundo se atreve con el color prohibido, ojo. El azul es el color de las bebidas de científico loco, el color de los líquidos de los matraces de los laboratorios sitos en mazmorras.


Impactum Fast te alegra el día, algo que no hace el trigo sarraceno. Te bebes un Impactum Fast, llegas a casa, te lavas los dientes y escupes azul. ¿Cómo te quedas? Yo más mondo y lirondo que la hostia. No hay cosa más guay que escupir azul. ¿No te aburres de ser adulto y sólo escupir sangre cuando vas al dentista? Ya bastante sopor tengo que aguantar como para beber una bebida que no sea azul.

Yo no diría que Impactum se lo curra mucho con el diseño de la lata. ¡Azul! Ni una sombra, ni una trama, nada. ¿Será una decisión consciente de diseño, una apuesta por el rollo homemade en Microsoft Paint, tan contemporáneo, tan youtuber? ¿O será que en Impactum pasan de todo y han contratado al clásico sobrino informático para diseñar la lata?


Sea como sea Impactum está hecho en Las Rozas, por si quieres visitar las oficinas y descubrir dónde se fabrica la magia. En Orlando tenían Disneyland, en España tenemos la fábrica de Impactum en Las Rozas. ¡Ey, es una bebida azul! A mi eso me parece bastante mágico.

No puedo sino tener un cariño bakala por Impactum. Impactum sólo puede estar diseñado por un bakala o por alguien que le tiene mucho cariño a los bakalas, como yo. Si es alguien como yo, alguien que diseña bakala pero no es bakala, el cabrón hila muy fino. Cualquiera diría que esta bebida está diseñada por un verdadero bakala, pata negra de la Fabrik, de la Megatron, de la Skorpia.


No sólo el diseño gráfico, claro. El mismo concepto es bakala: Impactum. ¡Toma ya! Impacto en latín, niño. Porque en latín las cosas terminan en -um, ¿no? ¿O era en -us? Ay, no sé, se me está quedando el coco frito de tanto eme.

En fin, supongo que recordaréis que había una época llamada finales de los noventa donde todo esto que os cuento estaba a la orden del día. No había Amazon, no había drones, no había cámaras, no había nada de nada. Bueno, nada de nada no: se acababa de inventar Internet y navegábamos con Navigator, buscábamos con Yahoo y flipábamos con las aficiones de la gente en Geocities.


Es como si hubiera llegado Donald Trump y se hubiera comido todo aquello. Bueno, pues además lo que se va a comer es mi polla, porque me niego a tener que olvidarme de la época más electroácida porque a un niño pijo se le haya puesto entre ceja y ceja. Los bakalas serán lo que sean pero niños pijos no. Los bakalas saben lo que es chupar mierda de clase media-baja baja-baja.

Y como les respeto por saber cargar con cacota, en esta crisis de diez años recién cumplidos me he ido con ellos. Porque Juan, adalid del debilucho, se pone siempre del lado del que necesita más ayuda. Antes me ponía del lado de los maricones, te lo juro.