Impactum puede jactarse de haber hecho
algo muy guay: una bebida azul. No todo el mundo se atreve con el
color prohibido, ojo. El azul es el color de las bebidas de
científico loco, el color de los líquidos de los matraces de los
laboratorios sitos en mazmorras.
Impactum Fast te alegra el día, algo
que no hace el trigo sarraceno. Te bebes un Impactum Fast, llegas a
casa, te lavas los dientes y escupes azul. ¿Cómo te quedas? Yo más
mondo y lirondo que la hostia. No hay cosa más guay que escupir
azul. ¿No te aburres de ser adulto y sólo escupir sangre cuando vas
al dentista? Ya bastante sopor tengo que aguantar como para beber una
bebida que no sea azul.
Yo no diría que Impactum se lo curra
mucho con el diseño de la lata. ¡Azul! Ni una sombra, ni una trama,
nada. ¿Será una decisión consciente de diseño, una apuesta por el
rollo homemade en Microsoft Paint, tan contemporáneo, tan youtuber?
¿O será que en Impactum pasan de todo y han contratado al clásico
sobrino informático para diseñar la lata?
Sea como sea Impactum está hecho en
Las Rozas, por si quieres visitar las oficinas y descubrir dónde se
fabrica la magia. En Orlando tenían Disneyland, en España tenemos
la fábrica de Impactum en Las Rozas. ¡Ey, es una bebida azul! A mi
eso me parece bastante mágico.
No puedo sino tener un cariño bakala
por Impactum. Impactum sólo puede estar diseñado por un bakala o
por alguien que le tiene mucho cariño a los bakalas, como yo. Si es
alguien como yo, alguien que diseña bakala pero no es bakala, el
cabrón hila muy fino. Cualquiera diría que esta bebida está
diseñada por un verdadero bakala, pata negra de la Fabrik, de la
Megatron, de la Skorpia.
No sólo el diseño gráfico, claro. El
mismo concepto es bakala: Impactum. ¡Toma ya! Impacto en latín,
niño. Porque en latín las cosas terminan en -um, ¿no? ¿O era en
-us? Ay, no sé, se me está quedando el coco frito de tanto eme.
En fin, supongo que recordaréis que
había una época llamada finales de los noventa donde todo esto que
os cuento estaba a la orden del día. No había Amazon, no había
drones, no había cámaras, no había nada de nada. Bueno, nada de
nada no: se acababa de inventar Internet y navegábamos con
Navigator, buscábamos con Yahoo y flipábamos con las aficiones de
la gente en Geocities.
Es como si hubiera llegado Donald Trump
y se hubiera comido todo aquello. Bueno, pues además lo que se va a
comer es mi polla, porque me niego a tener que olvidarme de la época
más electroácida porque a un niño pijo se le haya puesto entre
ceja y ceja. Los bakalas serán lo que sean pero niños pijos no. Los
bakalas saben lo que es chupar mierda de clase media-baja baja-baja.
Y como les respeto por saber cargar con
cacota, en esta crisis de diez años recién cumplidos me he ido con
ellos. Porque Juan, adalid del debilucho, se pone siempre del lado
del que necesita más ayuda. Antes me ponía del lado de los
maricones, te lo juro.